Nota de Veintitrés

Cuando se apagan las luces, queda la polémica. Sucede todos los años. Y este no fue la excepción. Luego de nueve noches, el tradicional Festival de Cosquín terminó y a la hora de hacer el balance fueron varios los artistas que dejaron en claro su malestar debido a diversas decisiones de la organización. Escándalos, maltratos y hasta golpes es lo que queda luego de bajar el telón del escenario Atahualpa Yupanqui en la plaza Próspero Molina de la ciudad cordobesa.

La edición número 54 no arrancó de la mejor manera. Freddy Martino, referente de la comisión que organiza el festival, recibió dos trompadas en la cara de parte de un músico que estaba descontento por cuestiones de la preparación. Durante la quinta noche, cerca de las tres de la mañana, Juan Falú salió al escenario acompañado por Liliana Herrero con la intención de brindar un homenaje a su tío Eduardo Falú, quien falleció hace cinco meses. Pero el resultado no fue el esperado. “¿Así es como pretendemos recordar y al mismo tiempo pensar este país?”, preguntó a micrófono abierto, luego de dejar a la vista los problemas de sonido que estaba teniendo el recital. Pero no todo terminó ahí. Luego de veinticinco minutos de show, el escenario giró de golpe y los músicos se quedaron sin tocar las últimas dos canciones y tampoco pudieron despedirse de la gente. Una falta de respeto para dos artistas de tamaña trayectoria.

“Salieron protestando. Había un malestar preestablecido. La plaza estaba llena y ellos tenían su tiempo. Se habló más de lo que se tocó. La gente de producción mide el tiempo y cuando termina se dispone a girar el escenario para que todos tengan su lugar”, aseguró, consultado por esta revista, Martino.

Pero el conflicto sigue. Esta semana, Falú emitió un comunicado titulado “Caosquín” en el que dejó en claro, entre otras cosas, que le cambiaron varias veces el horario y el orden en el que iba a tocar y, además, manifestó que “es así este Caosquín, taquillero, popular, de altos volúmenes para alimentar efusividades. La misma técnica usan los comerciantes poniéndoles música tecno a los laburantes para que no se duerman. Pienso: para qué carajo vengo si ya sé cómo es. Me respondo: es mi desafío”.

Flavia Martínez, la cantante que debutó en Cosquín justo luego de la presentación de Falú, también hizo su descargo: “Estoy muy enojada con el Sr. Falú (a él mucho no le debe importar, obvio) porque si bien acuerdo con su reclamo, considero que no se puede tirar una bomba sin hacerse cargo de lo que ella genera... ¿y qué generó? El desenfreno de miles de personas que silbaban y silbaban e hicieron que nosotros cuatro nos sintiéramos muy mal”.

Liliana Herrero no se quedó atrás. En diálogo con Veintitrés aseguro que “nunca me gustó el estilo de Cosquín. Empeoró enormemente. Si no decíamos lo que estaba pasando iba a ser mucho peor. Esta conducción es abominable. Con personajes como Marcelo Simón –presentador– que dijo que yo le calenté la cabeza a Falú. Es tan bajo y pobre. Además de misógino, me parecieron vergonzosas sus declaraciones. No volvería jamás a Cosquín. No me gusta su pensamiento sobre la música, porque el sonido tiene una ideología. La música es una conversación y está bueno que te deje perplejo, pero no por la imposibilidad de no poder hacer música”. 

Pero ellos no fueron los únicos que juraron no volver a pisar la plaza Próspero Molina. Jorge Rojas sostuvo que el festival “necesita una persona detrás del escenario con carácter fuerte que pueda respetar a cada uno: a mí no me respetaron el arreglo”. Los Tekis fueron otros de los damnificados. El grupo dijo en un comunicado que “nos parece una falta de compromiso y profesionalismo, que no es acorde a la historia de tamaña fiesta popular. Algo debemos hacer ante aquello que pueda desprestigiar lo que tanto soñaron y construyeron las grandes figuras de nuestra cultural nacional y latinoamericana”.

A través de las redes sociales, Teresa Parodi esgrimió que es hora de refundar Cosquín. Y en diálogo con esta revista manifestó que “de haberme enterado de lo de Herrero y Falú, no hubiese subido al escenario. Hace muchos años que dejó de existir el Cosquín de antaño. Pero hay que hacer algo. Hay una música que no está siendo visibilizada. Es necesario que abramos un espacio para que eso pase. Si para un festival lo más importante es el negocio, no nos confundamos nosotros: vayamos a hacer todo esto a otro lado. Todos los años tengo una contradicción con Cosquín: quiero ir y no quiero”.

Peteco Carabajal fue un poco más allá: “Cosquín adoptó la modalidad de meter artistas desconocidos que consiguen sponsors para pagar la actuación. Es lo que vende y eso desnaturaliza la esencia y la calidad. Lo que se vio por televisión fue patético. Está en decadencia como forma de festival. No sé si voy a volver. Lo lindo está en las peñas: me gustaría armar algo por afuera porque Cosquín no te salva el año, es una fecha más”. Del otro lado, Martino aseguró que “lo que dice Peteco no es así. El problema de los artistas consagrados es que quieren hacer un show demasiado largo. Sería cuestión de sentarse a hablar. El Chaqueño dijo que no volvía y volvió. La razón no está de un solo lado”.

A un año de la 55ª edición del festival, queda claro que hay muchas cosas por modificar. Sólo resta saber si la lista de disidentes se agrandará y qué acciones tomará la organización para acercarle al público lo mejor de la música popular argentina.