Por Daniel Castelo, enviado especial 

Con las proyecciones de películas que vienen de triunfar en sus respectivos países y prometen hacer bastante ruido cuando se estrenen en Argentina, la muestra "Pantalla Pinamar" avanzó varios escalones, a tres días de haber comenzado.

Desde España, la triunfadora "Stockholm", sacudió la modorra narrativa y planteó una historia de amor encajada en la noche madrileña, con punto de inicio en una fiesta que se dispara hasta lugares para nada cómodos a la hora de las resoluciones.

El film, dirigido por Rodrigo Sorogoyen, realizado con bajísimo presupuesto y a modo de cooperativa, cuenta el explosivo encuentro de una joven con quien le promete amor eterno, bajo las estrellas de la capital española.

Contada casi en dos secuencias filmadas prácticamente en tiempo real, este pequeño prodigio del cine independiente ibérico emociona, golpea y conmueve con herramientas nobles y al mismo tiempo efectivas. El público que colmó una de las salas del cine Oasis, salió extasiado.

Más tarde pudo verse la ópera prima del holandés Diederik Koopal, "Maratón", una comedia trágica, sobre un grupo de amigos que, en plan "Full Monty", deciden participar de una carrera para salvar el taller que está a punto de sucumbir ante una deuda impositiva.

Con algún golpe bajo perdonable para la ocasión, la película se centra en las historias personales de los personajes protagonistas, entrañables desde el primer momento de fílmico.

Los pibes de Quebracho

Más temprano, con el eclecticismo propio de una programación que se abre cada día como un abanico, fue el momento de "Quebracho", clásico del cine político argentino, dirigido por un debutante y muy joven Ricardo Wullicher en 1973 y estrenada un año después.

El relato sobre la lucha política de comienzos de siglo XX contra los emprendimientos empresarios-coloniales en el país, es un fresco sobre una pelea histórica, la del obrero contra el capital concentrado sin moral ni límites a la hora de la ganancia.

Una empresa inglesa (con rol del representante local jugado por Héctor Alterio) explota a sus trabajadores hasta lo infrahumano. En ese marco, un dirigente yrigoyeniste intentará combatir a los poderosos del momento, en una tierra santafesina donde se los neo-colonialistas se instalaron como capangas sin límites.

Previo a la proyección, Wullicher (director también de "La nave de los locos" y "Saverio el cruel"), introdujo al film con una anécdota y una visión fundamental para recontextualizar el relato, ubicado desde la ficción en 1910, estrenado en 1974 y hoy revisado en pleno siglo XXI. "Al final de la película no figura la palabra ´fin´, porque la lucha continúa", sentenció el realizador y marcó la cancha anti colonialista. Un gesto de rebeldía que nos hace extrañar la presencia en pantalla grande de un hombre que cuenta con una muy (y demasiado) breve cinematografía.

Corridas de toros 3-D, Zappa y más cine argentino
 
Hay expectativa por la proyección del documental "Encierro 3-D", de Olivier van der Zee, que puso su cámara para retratar la tradicional corrida de toros de Pamplona, que cada año renueva la polémica sobre las corridas taurinas ante miles de irracionales fanáticos en trance místico.

También se verá otro documental de fuste al menos por su contenido: "Verano del 82: cuando Zappa vino a Sicilia", que muestra imágenes hasta hoy inéditas del genial músico estadounidense, durante el paso del rocker por tierras italianas. Incluye charlas sobre la mafia, al estilo Zappa.

La nueva incursión de José Celestino Campusano en el mundo motoquero, "Fantasmas de la ruta", también despierta la expectativa previsible en torno a la filmografía de un director que apasiona en cada festival del que participa. Un trabajo de ficción de tres horas y media que promete polémica.

"Inevitable" es otro título del cine argentino que sin duda llenará la sala del cine Oasis. Con un elenco encabezado por Darío Grandinetti, Federico Luppi, Antonella Costa y Carolina Peleritti, el film de Jorge Algora cuenta el terremoto existencial en que se sumerge un empleado bancario tras la muerte de un compañero.

También, lo poco que se pudo ver de "Bolishopping", del argentino Pablo Stigliani, anticipa un trabajo fuerte enmarcado en la realidad de los talleres textiles clandestinos que pululan sin control por la ciudad de Buenos Aires.