No serán diez días que paralicen al mundo, pero sí que pueden conmover a quienes se acerquen a uno de los numerosos espectáculos, talleres, seminarios y homenajes que promete el 9º Festival de Títeres para Adultos. 

"Uno de los dogmas que se ha autoimpuesto es no repetir espectáculos de anteriores ediciones," explica Caro Erlich, del grupo de títeres El Bavastel, a cargo de la producción ejecutiva del evento. Y agrega: "Así se fueron dando espectáculos que tienen teatro, danza e incorporan títeres, el teatro de sombras o espectáculos multimedia. Hay unos cruces y unos quiebres muy interesantes. Vienen otras cabezas, otro tipo de producción, otras temáticas."

"Cuando decidís ser titiritero sabés que nunca vas a ser rico y nunca vas ser tapa de revista".

Entre ellas, estará Marta Lantermo quien, con la Compañía Negras Inquietudes (de la provincia de Buenos Aires), presentará Negras inquietudes, y que la describe de la siguiente manera: "La definimos como una pieza plástico-coreográfica que utiliza las sombras como lenguaje. Es un trabajo que reúne diversas disciplinas. Los intérpretes y los que formamos parte de la obra venimos de áreas distintas y nos conjugamos en la investigación de esta obra a partir de lo que compartimos, yo como docente y los intérpretes como alumnos. Vengo del lado de la danza, soy bailarina y coreógrafa, y doy clases de trabajo corporal en la licenciatura de Artes Escénicas en la Universidad de San Martín, en la carrera de Títeres y Objetos. O sea que es una materia no troncal de esa carrera. Allí nos convocaron para hacer una investigación de luz y sombras, y movimientos y música, y comenzamos a trabajar con un grupo de tres alumnos, que ahora son egresados de la carrera, y un tiempo más tarde se sumó Caro Erlich para colaborar en la creación de esta obra."

Más tradicional, pero igual de sorprendente, está Óscar, de Miguel Ángel Vigna y a cargo de La Ortiguense Producciones: "Soy el director y el dramaturgo de la obra, y es la pieza con la cual me recibí en la escuela de titiriteros del Teatro San Martín. Antes de empezar en el mundo de los títeres estaba en la actuación; soy actor, y fue un tema llegar a decir 'Soy titiritero'. La verdad es que los títeres reúnen una cantidad de cosas que hizo que la actuación fuese quedando un poquito de lado. Te terminás enamorando de ellos y terminás diciendo: ¡sí, soy titiritero! Este año tuvimos el honor de presentar Óscar y le dieron el ok. Estamos muy contentos de poder compartir este festival con grosas como ellas, jeje" (y la risa tiene los nervios del que está frente a gente que admira).

"Para nosotros –vuelve Erlich– fue muy importante incorporar la mayor cantidad de áreas en las que el títere puede involucrarse. Y esto fue paulatino. Al principio eran funciones de teatro de títeres y después incorporamos una exposición, ya que muchos artistas tienen exposiciones de sus objetos, tanto de fotos, cuadros o títeres, porque muchos artistas plásticos se han dedicado a los títeres y tienen pinturas o material documental. También se incorporó la varieté y los seminarios. Algunas cosas las fuimos dejando por el camino, como la proyección de cortometrajes. Y sumamos la función en reconocimiento a la trayectoria que, insisto, no es un homenaje, es un reconocimiento. Y siempre tiene que ver con una función diferente de la producción titiritera."

Ahí hace su aparición estelar Silvina Reinaudi, quien en el marco del reconocimiento a la trayectoria ofrecerá el Taller de Dramaturgia Titiritera "Las Palabras en las Manos". Estelar, porque ella es una verdadera estrella: sola pasaría desapercibida, pero en la galaxia titiritera, brilla. 

"Trabajo en títeres hace más de 40 años, y nunca lo consideré un arte menor. Dentro de lo que es el teatro no hay demasiada gente que lo considere un arte menor. Sucede que en la Argentina los títeres han estado muy vinculados con lo escolar, entonces hay una serie de confusiones. Tenemos una tradición titiritera muy fuerte, que en general se dedica a los niños. Creo que lo difícil es organizar títeres para adultos aunque, de todos modos, yo que he hecho espectáculos exclusivamente para adultos, siento que incluso cuando trabajamos para chicos hacemos espectáculos de doble lectura, para todos. Así que me cuesta decir que me están homenajeando, y al mismo tiempo estoy conmocionada: son colegas y, pese a ser en general más chicos, me hacen sentir muy parte de ellos." 

La idea del trabajo en grupo y de múltiples tareas es algo que tanto los seduce como los asombra. La capacidad didáctica de Erlich, además de su gracia y el espacio de un artículo periodístico, la convierten en la voz obligada para explicarlo: "Se ha formalizado un poco la producción, se han dividido las tareas de producción y se valorizaron también. En otra época, el mismo titiritero se escribía y hacía todo. Si lo pensamos, era un tipo de artista medio medieval, que podía cubrir todas las funciones. Y si lo pienso hoy, es como un iluminado. Ahora se ha valorizado y por ahí uno encarga una dramaturgia para algo específico, una producción musical. Además, son pocos los titiriteros cuyo camino artístico se inicia directamente en los títeres; el camino es más desde la plástica o desde la actuación, desde la música. Siempre hay como un arte paralelo que te va llevando a los títeres y encontrás un instrumento, una herramienta ahí. Y uno es en tanto hace: también soy actriz y me inicié en la actuación, me encanta actuar, pero los títeres me han tomado. Y a la vez los títeres toman todos estos espacios. Para hacer tus funciones las tenés que vender, te tenés que producir, ocuparte de un montón de otras tareas que no son solamente ir e interpretar. Y todo ese trabajo hace que puedas estar trabajando con los títeres."

–¿Qué es lo que aprendieron exclusivamente de los títeres y creen que, de no haberlos encontrado, no habrían aprendido?

Miguel Ángel Vigna: –Hay algo que está bueno, que es el tema del ego. Uno sale a saludar y el público quizás ni sabe qué personaje hiciste, o que existís. Cuando se logra eso de que el titiritero no existió, que es también lo que busca el titiritero, olvidarse de uno y que sea el objeto el protagonista, está muy bueno. Es algo que me ha enseñado el títere, y más viniendo del palo de la actuación, donde hay unos egos enormes. Está bueno que la estrella haya sido el objeto.

Silvina Reinaudi: –Cuando decidís ser titiritero sabés que nunca vas a ser rico y nunca vas ser tapa de revista. 

Marta Lantermo: –A mí, lo que me fascina es toda la miniatura, poder desplegar mundos muy bellos en algo muy pequeño. Y eso me dio cierta libertad. Todo es posible con los títeres. Como que no hay mucho límite, porque ellos lo pueden todo. 

Caro Erlich: –Aprendí una forma de trabajo y un lenguaje, descubrí capacidades que en ese momento desconocía que tenía, tareas de las que no me iba a tener que ocupar, como que no me iba a gustar hacer, como la de la producción, la dirección. La producción es como una gran oficina de la vida que uno hace porque no le queda otro remedio, aprende torpemente porque si no lo hacés no podés trabajar. Al músico no le preguntan cómo interpreta el violín; descontás que estudió, que aprendió a tocar, incorporó capacidades, y muchos empiezan con la guitarra y terminan tocando el arpa. Es un poco así: empecé con la actuación y terminé encontrando que este es el instrumento que mejor toco, que podría tocar otro si lo hago responsablemente, pero este es mi instrumento espontáneo. Y me sigue sorprendiendo, veo con sorpresa lo que el títere produce en otros y en mí, y aprendo de la sorpresa.

SR: –El títere parece algo sencillo, pero te das cuentas de que, cuando más sencillo parece lo que hace el muñeco, es mucho más sutil el trabajo. 

ML: –El entrenamiento del titiritero en un punto lo relaciono con el bailarín: tiene una cantidad de planos a trabajar, de disociaciones, de direcciones, de tono muscular, energías, es como tocar un instrumento. Toda esa organización que tiene que tener el titiritero para que se produzca una mirada, un pequeño movimiento de brazo, las direcciones es lo que te hace creer que está vivo.

El primer muñeco suele ser un autorretrato

–¿Se mimetizan con los títeres en alguna parte del proceso? 

Reinaudi: –El primer muñeco que hacés, suele ser un autorretrato. A todos nos han dicho: "¡Es igual a vos!" Cuando hicimos Los Chikuchis para Pakapaka, que me permitió hacer un grupo de titiriteros fantástico, con Laura Díaz que era la realizadora de los personajes, dijimos: ¿a quién le damos qué? Y ella me dijo: "No, vamos a ver quién elige cada muñeco." Agarraron un muñeco y después empezaron a rotar, una, dos, tres veces, y al final se quedaron con el primero que habían agarrado. Y no tenían voz, no tenía características, personalidad, nada.

Erlich: –A veces lo hacés, viene una amiga de tu tía y dice: "¡Es igual a vos!" Y vos decís: "¡No! ¡Es pelado, gordo, es un viejo que toma whisky!" (risas)

Vigna: –A Óscar más o menos lo fuimos armando entre todos y no queríamos que se pareciera, pero se fueron pareciendo. Y el personaje del cantinero, lo ponés al lado del titiritero, y son idénticos. Y Óscar es idéntico al que lo empezó a manejar, que se lesionó y no pudo seguir.

Erlich: –No sabés si es el huevo o la gallina.

A tanto llega el fenómeno, que Lantermo ve lo mismo en sus alumnos en la Universidad: "Cuando construyen sus títeres por primera vez, la tipología es exacta: si es alto es alto, si es flaco es flaco." 

"Cuando hacía el Perrito Rito en Vivitos y coleando, con Hugo Midón –cuenta Reinaudi– terminábamos y queríamos ser didácticos con los chicos, y te respondían: poné al perrito en el suelo para que camine." La risa de todos se aplaca y Erlich dice que "vas encontrando cosas tuyas que no conocías, también". Por ejemplo ella hizo una especie de espectáculo anticipatorio. Las vueltas de la vida, y me gustaba mucho hacerlo –dice–, ¡qué bueno hacer algo que no soy yo!, pensaba." Lo hacía con un compañera que hacía un linyera, y a la que un día, en broma, le dijo: "Te vas a ir de viaje y no vas a volver más y yo me voy a quedar acá varada diciendo que te fuiste." Y un día, la amiga se fue a viajar por el mundo. "Somos compinches con ella, pero no sabés si vos le aportaste eso tuyo, lo fuiste descubriendo con el tiempo, es una inquietud inconsciente que aparece. Lo seguro es que lo sepas o no el personaje tiene cosas tuyas."

Nuevas puertas para la percepción

Pese a ser una de las artes más antiguas que conoce la humanidad, los títeres parecen recién estar en el inicio de sus posibilidades creativas y narrativas. 

La experiencia de Marta Lantermo desde que se dedicó a investigar con títeres bastante ilustrativa: "Siempre necesito objetos, así me imagino las cosas. Hice una obra con objetos inflables y en ese momento empezamos a investigar con otros materiales y la luz, el reflejo y unos acetatos, trabajando con juguetes, haciendo algunas instalaciones; como buscando otras formas de danza. No sólo danza en el sentido de ver gente bailar, sino que puede haber otros formatos que hoy  pueden llamarse danza. De hecho en la obra que presentamos no se va a ver a nadie bailar: me propuse dividir la acción y quedarme sólo con la acción que se producía por los intérpretes operando objetos. Y empezó a pasar que mirando me gustaba más lo que veía atrás. Como a mí me gusta mucho trabajar con el espacio (veo el espacio en el movimiento también, lo mismo me pasa cuando bailo), esto me daba la posibilidad de hacer un montón de cosas en el espacio, y en uno mucho más reducido: no tengo que ver a 20 bailarines por todas partes y pedirles que se cuelguen de no sé dónde, o hacer sistemas gigantes para gente moviéndose en una espacialidad: es muy costoso, además. Más tarde hice algunos diseños más coreográficos en el desplazamiento de estas siluetas en el espacio, y las posibilidad se expandieron. Conjugar sombras, siluetas, los cuerpos de las personas que los están sosteniendo, los objetos mismos como los cables, los tachos, los papeles fue entrar en un universo que desconocía, y muy gratamente sorpresivo."

¿Cuándo?

Va del 19 al 30 de noviembre, en Pan y Arte (Boedo 876) y Teatro Celcit (Moreno 431). Progamación: <www.elbavastel.com.ar/festivaladultos2014>.