Se presentó como un homenaje al rock nacional. La historia era simple y en la presentación no estaba lejos del éxito anterior de la misma producción: Graduados. Sobre todo porque remitía a un reencuentro con un amor pasado. Sin embargo acá, las historias tenían otra contundencia. Aparecía también una familia de pretensiones aristocráticas, un gay que había decidido llevar una vida heterosexual, dos cuarentones que no encuentran rumbo, el corazón roto de dos amigas separadas por una traición, y la hojarasca de una agitada vida rockera de los '90.

Con cortinas de clásicos de rock, la historia de amor central entre Miranda y Diego tuvo todos los condimentos de una linda comedia amorosa de enredos pero con entorno caótico y lleno de idas y vueltas. Una radio (la Z Rock) como anclaje de temas comunes y el espacio para estacionar cada tanto las historias. Si bien no fue lo más exitoso en términos numéricos, la tira sí fue un suceso en una franja de cuarentones simpatizantes del rock nacional, de las historias simples y de las emociones más cotidianas. Unos días antes de que haya salido al aire la tira que terminó el miércoles en la pantalla de Telefe, uno de sus productores, Pablo Culell habló con Tiempo Argentino de los resultados de diez meses al aire con esta ficción.

–¿Cuál es el balance que se hace desde la producción?
–Estamos muy contentos porque el programa logró los objetivos que esperábamos. Fue una comedia familiar que homenajeó el rock nacional y sentimos que cumplimos los objetivos. Nos gusta contar historias diferentes a las tiras diarias. Más allá de tener, por supuesto, disparadores que pueden ser comunes a muchas otras tiras, nosotros le encontramos el diferencial en la manera de contar las historias, en seguir los lineamientos de los personajes, en el armado de los grupos humanos de los personajes. Y claro en los elencos. Fue una ficción que estuvo a lo largo de nueve o diez meses al aire, le fue muy bien. En el medio le tocó sortear el embate de Las Mil y una noches, pero se va con un público muy fiel y muy cautivo. Estamos muy contentos a nivel artístico de todo lo que sucedió con la tira.

–Desde un principio resaltaron que tenían el guión armado, pero seguramente hubo cambios, ¿tuvieron que dar demasiados giros?
–A la historia la teníamos pero se potenciaron algunas zonas porque funcionaron muy bien. Una fue esta historia de los Arostegui y la otra la relación entre Segundo y Tony que estaba en el guión pero nunca pensamos que iba a pegar tanto. Tiene que ver con que las tiras están vivas y uno las va acompañando en función del público que de alguna manera te lo va diciendo, pero sin necesidad de dar volantazos. Eso pasa en general cuando le va mal y este no fue el caso. Simplemente potenciamos a las zonas que mejor les iba, el gusto del público que tuvo que ver con que la historia atrapó más en determinados temas y sorprendió con personajes que llegan a la gente de manera especial. Y también está lo que el actor aporta. Por ejemplo, en el caso de los Arostegui, se recreó esta zona que era recalcitrante, una crítica a cierto sector social llamado comúnmente gorila, al gorilaje argentino. Fue lo que más le llamó la atención a la gente. Esta familia pseudo aristocrática venida a menos divirtió mucho a la gente. Porque lamentablemente habrá visto reflejada a parte de la sociedad que está ahí. Una parte muy prejuiciosa, muy racista y muy hipócrita. Y la historia de amor entre Segundo y Tony, un amor prohibido, secreto en una época en que eso ya no es así.

–Como productores ¿ponen atención a lo que sucedió en las redes en especial con esta tira?
–Se le da mucha importancia porque es una manera de estar en contacto con la gente. Era antes como muy de nicho pero ahora es cada vez más grande el sector de la población que lo usa. Nuestra atención como productores está en tener la sensibilidad de estar viendo qué le está pasando a la gente, y estamos en contacto con eso. También lo que indica el rating, pero el rating en realidad es un número frío de un determinado grupo y no terminás nunca de saber bien qué le pasa al público en sí y hoy eso lo expresa en las redes. Entonces, va haciendo un promedio de opinión de todo. También está lo que pasaba en la radio en la Z Rock (la radio de la telenovela) con tópicos que se largaban y donde la gente participaba.

–¿Qué análisis hacen con respecto al rating?
–Uno siempre quiere más. Al principio la serie funcionó más que bien pero tuvo un cimbronazo por la telenovela turca, y de ahí que hubo algunos corrimientos de horarios. Sí nos hubiera gustado más pero cumplió así que estamos contentos.

–¿Qué análisis hacés de lo que pasa con las producciones internacionales?
–Es un fenómeno. Es difícil de analizar porque son cosas que suceden y tienen que ver con el contenido y con qué le pasa al humor social. Con las extranjeras es lo mismo, tenés un par que funcionan y listo. El resto fracasa porque si ves en el tiempo todo lo que se estrena a las que les va bien les va muy bien, pero hay muchas que no les va bien, son fenómenos puntuales. Hoy a la gente le gusta ver esta novela por sobre otra, como antes les gustaba ver Graduados por sobre otra de Pol-ka, por ejemplo. La gente elige lo que le gusta y punto. Eso va más allá del gusto personal de cada uno. Del mismo modo que llegan novelas extranjeras nosotros exportamos formatos y nos gusta que nos vaya bien afuera.

–En la actualidad, ¿qué pasa a nivel costos a la hora de producir?
–Los costos fueron aumentando porque la realización requiere de mayor cuidado. No se hace la televisión que se hacía hace años atrás. El avance tecnológico de definición de imagen hace que se exija un mayor cuidado en contenidos, en recursos visuales, en verosímil de tramas, en exteriores, en elencos. Entonces, por supuesto que es más cara más allá de los costos internos, que están ligados tal vez a incrementos desde el punto de vistas inflacionario. Pero el cambio está en el mercado publicitario debido a la cantidad de ofertas en la Web y en el cable se diversificó en diferentes multiplataformas lo que hace que el anunciante se reparta, hay menos entradas en lo que es televisión abierta en cuanto a ingreso publicitario y mayores costos en la producción de ficción en sí. Además, la televisión abierta está compitiendo con muchísima más oferta en público y la gente está viendo televisión de otro modo. Han cambiado las costumbres del público frente a las nuevas tecnologías. Estamos viviendo esa transición que lo hace diferente al negocio. Ficción vamos a hacer siempre porque a la gente quiere que le cuenten cuentos, quiere emocionarse, y conmoverse con sus artistas y con sus historias pero la manera en que se va a producir la ficción va a ir mutando porque no se ve tanto televisión abierta.

–¿Esta diversificación en el hábito tiene impacto en el público en cuando a la manera de producir?.
–Es un fenómeno que se está viendo se nota más en las generaciones digitales, la gente más grande está acostumbrada a mirar otro tipo de contenido. Pero la gente más joven un sector de la sociedad que está un poco más cercano a un tipo de gusto o formación hace que compare series americanas con otro tipo de relatos. Obviamente en el momento de sentarse a ver una producción nacional que tal vez la diferencia está en la identificación directa que puedas tener en tradiciones y costumbre requiera otro tipo de riesgo y ritmo temático, más allá de que van a seguir existiendo los formatos más clásicos. Eso hace que Las Mil y una noches siga existiendo porque lo que menos tiene es innovación, de hecho tiene como diez años. «

Segundo y Tony: mucho más que una simple historia de amor

Juan Minujín interpretó a Segundo Arostegui, el marido de Miranda (Paola Barrientos) hijo de Inés y Emilio Arostegui (Verónica Llinás y Luis Machín). En su interpretación era un polista que se enamoró de su petisero, Tony (Juan Sorini) y hacia el final asume su sexualidad y termina casándose. Fue la pareja más querida de la tira.

–¿Cuál fue el recorrido del personaje?
–Era un personaje que de arranque era muy seductor no era mucho mérito mío si no que de movida tenía un conflicto muy lindo para desarrollar entonces, simplemente lo que hice fue tratar de darle la mayor humanidad posible a ese personaje. Pero lo que escribieron Korovsky (Ernesto), Frejdkes (Silvina) y Quesada (Alejandro) tenía puntas con hilos de los cuales si uno tiraba se desplegaban conflictos muy lindos: el de asumirse homosexual, de enamorarse de alguien que pertenece a otra clase social, a otro universo económico y después el conflicto que corona todo: el de su identidad. Esto de que en realidad nació y vivió durante 40 años creyendo que era hijo de una mujer y en realidad tiene un origen en una familia humilde de una persona que trabajaba en su casa.

–¿Cuándo te sentiste cómodo con el personaje?
–Antes de empezar se hizo una prueba de unos cinco o seis actores y me llamaron ahí. Entonces comencé con la primera instancia de empezar a probar algo del decir, de la postura física, de cómo se movía de cómo caminaba, de cómo empezaba a pensar el universo de este personaje. Y después, siempre para mí es en el trabajo con el resto de los actores. Definió mucho el trabajo con Verónica Llinás y Luis Machín que eran mis padres con quienes no tenía que confrontar nunca. Segundo era un personaje contemporizador que iba a aceptar, que era pasivo. Y después, Paola Barrientos fue el otro pilar para poder definirlo.

–¿Cómo lo trabajaste para llegar a esa transición en el momento en que el personaje acepta su homosexualidad?
–Creo que pasa por el lado del que yo lo encaré. Y es que en realidad, el enemigo a vencer de este personaje en toda la tira es él mismo no es que hay un malo afuera que no lo deja ser gay es él mismo, su culpa, su vergüenza, sus prejuicios, la forma en que fue criado. Entonces esa batalla interna le da una profundidad más grande de si los malos son sus padres o cualquier otro. Siempre traté de no ir por el lado de los rasgos amanerados, este era un señor que tenía su vida heterosexual pero con una pulsión homosexual muy grande, que luego se convierte en una identidad. Él quiere rehacer su vida tener una pareja. Se enamora no es una calentura con el tipo, es amor.

–La gente te escribía a vos y a Juan (Sorini) muchas cosas en Twitter, ¿te llamó la atención lo que provocó?
–No, en el sentido en el que me parece que cuando el público se siente interpelado con personajes que puede entender y pueden entender el conflicto que tienen, más allá de que sienta más cerca o más lejos de esos conflictos lo acompaña mucho. Si ves un cura que tiene que dejar los hábitos y se enamora de una mujer y yo no soy religioso ni nada pero veo la batalla interna y me siento interpelado más allá de que no me represente. Acá me pasó mucho con gente que era mucho más pacata con respecto a la homosexualidad o era homofóbica, igual estaba acompañando el personaje, pedía que se asuma homosexual y que esté con Tony y haga una pareja con él y que se besen etcétera. Un poco tiene que ver con que el personaje tiene tantos prejuicios que libera al mismo espectador de sus prejuicios.

–Fue una forma muy diferente de encarar la sexualidad en la tevé.
–Bueno, los otros días lo decía en una entrevista, se vio en Zona de Riesgo, que fue uno de los programas pilares, fue algo adelantadísimo. Después de ese beso entre Gerardo Romano y Rodolfo Ranni, un beso de dos tipos, el tratamiento de la homosexualidad se atrasó muchísimo. La televisión se llenó de esos gays más paródicos, satíricos. Como si fuera que al gay le gusta cualquier hombre, que le da lo mismo, no hay amor. Todo es pura calentura.

Un final simple, emotivo y rockero.

La tira terminó como todos esperaban: Miranda (Barrientos) perdona a Sandra (Julieta Ortega). Ellas, las dos amigas del principio de la tira están embarazadas y ellos, los dos amigos Diego (De Santo) y Rama (Mirás) van a ser papás. Segundo y Tony felizmente se casan, Vera presenta su libro, y la felicidad se completa. Las historias cierran y la sensación del minuto feliz en las noches de la semana queda en suspenso hasta la próxima comedia. Como se temía días antes del final, no quedaron los cabos sueltos que venían incomodando, por ejemplo, la suerte de los hermanos de Segundo que no aparecieron más. Lo mejor de la tira fue sin lugar a dudas el desempeño de Luis Machín y Verónica Llinás, quienes hicieron un despliegue de talento, humor, creatividad y dramatismo que ya no se ve en la televisión. Por su parte, Paola Barrientos y Juan Minujin mostraron todas las posibilidades actorales que el personaje les brindó. El final tuvo un bonus para la tevé abierta: casi pensada, como un saludo teatral, los personajes se despidieron rockeando al ritmo de "El rock es mi forma de ser", de Virus. Fue una linda oportunidad para las generaciones más jóvenes de escuchar las canciones más clásicas del rock nacional.