Delfina Braun encarna a Helena en la obra de teatro Sobre estatuas vivientes y la neurosis porteña. El unipersonal, basado en una idea propia, se parece bastante a su vida. Nacida en una familia tradicional que la quería abogada, una noche abrió los ojos a sus deseos de ser actriz, dejó la universidad y desplegó alas. Estudió actuación, canto y baile en Nueva York y Buenos Aires y trabajó en obras en La Plaza y Teatro El Cubo y dialogó en exclusiva para Tiempo Argentino.

–Pasaste de estudiar Derecho a la comedia musical, ¿te arrepentiste en algún momento de haber cambiado las leyes por las tablas?

–El arte y la música estuvieron siempre en mi vida, pero vengo de una familia tradicional, donde lo profesional es muy importante, y cuando terminé el colegio sentí que tenía que estudiar una carrera tradicional. Cuando estaba por la mitad de la carrera me di cuenta de que lo que me hacía vibrar de verdad eran la música y el teatro. No creo en el arrepentimiento, creo que cada experiencia que nos toca en la vida viene para enseñarnos algo.

–¿Tu familia aceptó fácilmente el viraje que diste a tu vida?

–No, pero hicieron un gran esfuerzo por aceptarlo porque sabían que me hacía feliz. A mi papá le costó más, le preocupaba de qué iba a vivir. A mí también me costó mucho la elección, si bien todos me decían que me apoyaban, hay que lidiar con aquello que no se dice.

–¿Por qué elegiste formarte en Nueva York?

–Estaba en tercer año de Derecho y tenía planeado irme de intercambio a París un cuatrimestre cuando una amiga de comedia musical me contó que se iba a Nueva York en el verano a trabajar y estudiar. Y se me vino el mundo abajo, quería irme a Nueva York a estudiar canto y que tenía que elegir. Esa noche le conté llorando a mamá y decidí irme con otras seis argentinas, tres meses, a estudiar canto, teatro, música y baile a Nueva York. De día estudiaba y de noche trabajaba en un restaurante. Fue la mejor experiencia de mi vida. Tomé clases de actuación, de técnica vocal, y todas las clases que pude en todos las escuelas que encontré.

–Imagino que habrás visto varias comedias en los teatros de Broadway...

–Me volví experta en lo que se llama "rush tickets". Todas las obras pueden verse por 25 o 35 dólares con paciencia y dedicación. Una hora antes de que abra la boletería, el día de la función, se venden los lugares que nadie compró o las peores ubicaciones a esos precios. Así vi muchísimas obras, algunas más de una vez. Me impactaron especialmente "Memphis", una historia de amor entre una negra y un blanco, en 1950, y otra basada en la vida de Charles Chaplin, donde todo es blanco y negro hasta el final, cuando el escenario se tiñe de colores, nunca lloré tanto en un musical.

–¿Cómo ves el nivel de las producciones locales en comparación?

–Muchas no sólo tienen un nivel parecido sino que hay algunas todavía mejores. El argentino es intrépido y osado, se autogestiona, se anima, los norteamericanos son más temerosos.