Rata Blanca es, sin duda alguna, una de la bandas de rock con más vigencia del panorama argentino. Ya pasaron 30 años desde sus primeros ensayos y aún hoy son capaces de realizar giras por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, además de recorrer todo el interior del país. Mañana a la noche, sin ir más lejos, tocarán en el Luna Park.

Si bien muchos relacionan al grupo con el inmenso impacto de su disco Magos, espadas y rosas (y los hits "Mujer amante" y "La leyenda del hada y el mago"), Rata Blanca siempre demostró una capacidad especial para seguir en la cima, incluso protagonizando un retorno triunfal en el 2000, tras dos temporadas en silencio.

Detrás del éxito y la vigencia, el motor permanente es su líder Walter Giardino, guitarrista, productor y autor de todos los temas de su nuevo trabajo, Tormenta eléctrica, donde se mantiene la presencia de Adrián Barilari en voz, al igual que en los últimos tres lustros.

Según Giardino, "Armamos todo el disco en una quinta en Pilar durante el mes de febrero, partiendo de algunas pocas ideas que tenía. El resto se fue formateando y se trabajó con una intensidad descomunal y en dos semanas teníamos las canciones listas. Creo que durante la grabación en California se transmitió toda esa energía en el disco, y me acuerdo de que los técnicos en Estados Unidos nos decían que parecíamos una banda de pibes de 20 años, por la fuerza que había en el material.

-Es un lindo elogio.
-Sí. Se trata de eso porque uno va creciendo y se va haciendo más grande, pero el espíritu no tendría por qué envejecer.

-Algunas letras tienen temáticas de venteañeros, como "Los chicos quieren rock", "Rock and Roll Hotel" y "Buscando pelea".
-Son cosas frescas, con una dosis de rebeldía que también está un poco dirigida a defender el territorio del rock, que está tan usurpadito últimamente.

-¿Querés hablar de perfumes llamados "Rock" y de la guitarra de Shakira?
-(Risas) Hablemos de lo que querramos, pero cuando uno ve cosas así, no lo aguanto y no me puedo callar la boca. Hasta me pregunto si será culpa de los que hacemos rock porque estamos dejando que nos pisoteen y no decimos nada. Me parece que ese espíritu rebelde del rock tiene que existir, más allá del marketing. Lo que ocurre es que todos, en el fondo de su alma, quieren ser rock. Y no todos los que tienen una guitarra eléctrica en la mano son Deep Purple, Led Zeppelin, Iron Maiden o AC/DC. ¡Porque después hay que tocar bien y aguantársela! Si Rata Blanca hubiera seguido una línea más tranqui o comercial, quizás le podría haber ido mejor comercialmente o podríamos haber entrado a otros lados, pero nosotros siempre pateamos el tablero. No creemos en esas especulaciones porque si no no seríamos una banda de rock.

-¿El rock sigue siendo el mejor vehículo para la rebeldía?
-Para mí, el rock nació para molestar al Sistema. De eso no hay dudas. Y sigue molestando al Sistema, aún hoy, porque al Sistema no le gusta el rock. Sin embargo, hoy todos quieren ser rockeros, hasta los políticos que se hacen un tatuaje o se ponen anteojos espejados. Y está todo bien, pero eso no siempre condice con el lugar que se le da al rock en el mercado, sobre todo en el mercado latino, donde las preferencias musicales se manejan de otra manera. Yo creo que no existe la cultura de rock en Argentina y Latinoamérica, al menos en cuanto al desarrollo a cargo de empresarios. Acá es una mafia que maneja las cosas de una manera que Rata Blanca no las acepta. Entonces dicen que somos una banda conflictiva, cuando son ellos los que son capaces de robarle una moneda a un ciego.

-¿Se sienten medio solos en el panorama local?
-Rata Blanca es la única banda de rock metálico que está tocando por todos lados. Y no está bueno. A mí me gustaría que el panorama fuera mucho más amplio; estaría mejor.

-Nada mejor que una escena grande para que todo crezca.
-Nosotros seguimos haciendo nuestra vida, alimentando a nuestras familias con esto que hacemos. Pero es una pena que nuestra actividad no sea más difundida. Rata hace un show con entrada libre y mete 50-80 mil personas, mucho más que Ricky Martin en el Planetario. Pero en Argentina la gente se dedica más a hablar de Ricky Martin. ¿Qué pasa, les molesta el género, no les gusta o es un problema con el grupo? Lo tendrían que aclarar porque yo no lo entiendo. Rata Blanca es una banda que le gusta lo que hace y disfruta de subir al escenario con intensidad. Los chicos no aflojaron y siguieron yendo para adelante. Eso me gusta mucho: somos una banda que está encendida.

-Quizás aquí no se valora la importancia de llenar un estadio como el Luna Park.
-Hoy, llenar un estadio en Argentina no es un mérito. Creo que lo llena mucha gente que musicalmente deja mucho que desear. El problema es cuando la gente consume cosas que no son musicales. Uno puede admirar a una banda o sentirse identificada, pero eso tiene que ver con una histeria colectiva, son cosas que a mí no me representan muchos valores musicales. Yo soy muy músico, y a mí sinceramente una banda de rock me tiene que pegar en el pecho y emocionar. Una banda de rock tiene que transmitir rock. No podés ser políticamente correcto.

-En todos estos años de carrera, ¿en algún momento descarrilaste?
-Nunca fui descontrolado. Mi droga son las seis cuerdas de la guitarra, pero tampoco voy a negar que hicimos de todo en nuestra vida y que Rata nos salvó la vida. En nuestra historia hubo más alcohol y drogas de lo que cualquiera podría imaginar. Pero siempre sin desviarse del camino de hacer música. Yo veo gente que termina aspirando detrás de la puerta y me pregunto para qué lo hacen porque ya no es tan divertido y mejor date cuenta de que algo no está funcionando. Mientras es divertido, está todo bien. ¡Pero cuando al día siguiente no te podés levantar...!

-Si hay que suspender un show, estamos en problemas.
-Nosotros jamás mezclamos esa historia. Eso no quiere decir que después del show no arrancaba la fiesta. Y nos íbamos a dormir riéndonos a carcajadas, y eso fue una constante. El que crea que somos santos, no. Somos más pecadores que santos. <

"Somos compañeros de trabajo"

Aunque los primeros ensayos de Rata Blanca fueron hace 30 años, Walter Giardino prefiere tomar como punto de partida la fecha del primer recital del grupo, el 15 de agosto de 1987 en el Teatro Luz y Fuerza.

–Si bien en la primera época tocaron en estadios como Obras y Vélez, el primer Luna Park fue en 2002, ¿no?
–Sí. Fue después de sacar el disco El camino del fuego.

–¿Tiene un significado o peso especial volver a tocar ahí?
–Un show así de grande siempre es un desafío. Creo que siempre hay que intentar quedarse dentro del escenario y tener la concentración necesaria. No perderse el contacto con la gente, pero tampoco estar del lado de afuera del escenario. El Luna Park no es fácil a nivel audio; tiene lo suyo. Pero nosotros el año pasado hemos hecho más de 80 shows y este año no paramos de tocar. Ese te mantiene en un "training" y un estado en que salís a tocar otra vez. Quizás las cosas no eran así con los otros Luna Park, porque no veníamos con ese ritmo de actuaciones, o recién arrancábamos la gira con el Luna Park. Y eso tampoco sirve, porque venís de dos o tres meses sin tocar. Acá vamos a llegar cómodos y contentos. Me acuerdo que a veces llaaba cansado a los shows grandes y eso siempre me daba bronca. Me gustaría que todos disfrutemos de todo, por el bien nuestro y por el bien de la gente.

–¿Cuál te parece que es el secreto de la permanencia de Rata Blanca?
–Las canciones y la performance en vivo. No sólo es increíble que la gente no haya olvidado las canciones, sino que además hay nuevas generaciones que las adoptan. En todos los shows hay chicos y adolescentes, así que no se trata sólo de lo que pasó años atrás con el grupo, sino que es algo que está pasando. Eso te da la derecha. Además, no somos una banda que saca un disco y tiene a toda la prensa de Latinoamérica hablando de ese álbum, como pasaba con otra banda de pop. A nosotros nos toca hacerlo de otra forma. Y cuando tocamos en vivo se demuestra la energía que tenemos. Actualmente, los shows son más ambiciosos y vamos a todas partes con luces y pantallas para que la gente vea un concierto que los emocione.

–Un dato nada menor para seguir juntos debe haber sido aprender a manejar las relaciones personales.
–¡Lo aprendí! (se ríe) Los demás son más relajados, pero yo estoy todo el tiempo en todas las áreas del grupo. En ese aspecto, creo que se logró un equilibrio con el estilo de trabajo y aceptar cómo son las cosas y que cada uno ocupe su lugar. Al fin y al cabo, eso nos beneficia a todos, porque a nadie le conviene si el grupo se separa. Tampoco aguantaría estar en una banda donde las cuestiones personales no se sostienen, o que el grupo no sonara bien en vivo. Somos compañeros de trabajo; tampoco somos amigos. ¡No es que nos llamamos para fin de año! Y si no nos hablamos los dáis de cumpleaños, nadie se ofende. ¡Para eso están las esposas! Creo que no hay que exagerar ni engañarse. Las cosas son como son, y si uno es amigo de alguien es porque lo siente. Y si no lo siente, está todo bien con ser buenos compañeros de trabajo.