Charo Bogarín y Diego Pérez se conocieron en una fiesta cuando la dama del dúo debutaba cantando. A él le interesó su voz, por eso al bajar del escenario se quedaron zapando. Ese fue el origen de lo que es hoy Tonolec.

En ese momento, ambos interpretaban un repertorio más pop y electrónico que los llevó a participar (y luego ganar) un concurso de MTV. Sin saberlo, este primer viaje iba a ser el que marque el futuro de estos colegas musicales, compañeros y amigos que gestaron en sus cabezas el dúo que cumple diez años de vida y los festejan con un concierto mañana en el Opera y la edición de un libro y CD. Dialogaron con Tiempo Argentino.

–La Celebración, son diez años de vida, ¿cómo los miran hacia atrás?
Diego Pérez: –Son diez años desde que salió nuestro primer disco, pero son quince de trabajo. En 2001 empezamos a trabajar con las comunidades y cuatro años después sacamos el CD porque quisimos conocer la cultura qom, de aprender, de conocer su música y su arte. Y a partir de ahí empezamos a idear este proyecto que es integrar la música electrónica con la música ancestral, el sonido orgánico con el sonido digital, no de una manera caprichosa sino que buscamos en ese sonido sentirnos representados nosotros. Que esté el lugar donde nos criamos, (Chaco y Formosa), donde hay una impronta aborigen muy fuerte. También representando el momento en el que vivimos, en el que nacimos con la tecnología como herramienta. Ahí empieza este recorrido con Charo que tiene que ver con profundizar en las raíces, con conocer, con dejarnos influenciar por su música y tener estas dos vertientes integradas en el mismo sonido.
Charo: –En estos diez años de venir trabajando esta propuesta y estos diez años de dar a luz este primer disco fue un tránsito de crecimiento personal y crecimiento artístico. Creo que de las enseñanzas de las comunidades fuimos más allá de las formas musicales. Aprendimos una forma de vida, una filosofía, una cosmogonía de estas comunidades que están muy vivas y muy de pie todavía. Ahí estamos fortalecidos ambos. Encontramos un eje, un lugar donde el cuerpo sana, donde el alma sana y el espíritu se fortalece y ese lugar es el lugar de la música y de concepción de la música. Se la concibe no como un entretenimiento sino como una herramienta poderosa, espiritual y de transformación. Eso tratamos de transmitir cada vez que subimos al escenario.

–¿Por qué decidieron explorar en las comunidades?
DP: –Nosotros empezamos a trabajar en el año 2000 como dúo con canciones dentro del pop electrónico y tuvimos la suerte de que a los pocos meses de estar juntos, ganamos un concurso de MTV mundial con el que fuimos a tocar en España. Fue allá, fuera de nuestro lugar, donde nos damos cuenta los dos en sincro que si bien nos gustaba lo que hacíamos no estábamos contando nada de nosotros ni de nuestro lugar. Tuvimos que salir para darnos cuenta de eso, y ya en el regreso hablamos esto de buscar hacia adentro, hacia el interior, nuestro y del paisaje.

–¿Como fue el proceso?
DP: –Fuimos a escuchar al Coro Toba Chelaalapi de Resistencia, ahí sentimos que esa música nos representaba. Era ese nuestro paisaje y eran esas, las sonoridades de la naturaleza, las nuestras. Así empezamos a hacer este proceso de viajes y de profundización que cada vez nos llevaba a buscar algo más profundo. Ahí también nos dimos cuenta que buscábamos una integración que nos represente a nosotros, un sonido que nos represente con todos los elementos que tenemos. El latinoamericano tiene una mezcla de culturas que es nuestra característica principal ahí está nuestra identidad y la buscamos a partir de la música.

–¿Cómo fue ese primer encuentro con la comunidad qom?
CB: –Lo que aprendimos primero es que la música de los pueblos originarios en general es una música religiosa, sagrada, que tiene una funcionalidad. ¿Cuál es la función del canto para los qom? Sanar, curar, iniciar a los adolescentes a una nueva etapa de su vida. El canto tiene para ellos ese sentido así de profundo, estábamos ante ese significado de la música. Luego de visitarlos y de aprender sus cantos a través de la tradición oral, fuimos con un demo versionado con beats electrónicos y se lo mostramos a Zunilda Méndez (integrante del coro toba), le pusimos unos auriculares con la música y ella apenas escuchó se puso a mover la cabeza, y a cantar encima de lo que oía. Entonces, también aprendimos que tampoco hay que tener prejuicios cuando mostramos algo.

–¿Por qué terminan encuadrados dentro del folklore?
DP: –Se resignificó el folklore, por eso es que pudimos entrar en ese género. Cuando nosotros empezamos, no se reconocía como folklore la música de los pueblos originarios, ahora sí. Además creo que el es algo que está en constante transformación, y eso también está cambiando como concepto. Antes, el folklore tenía que ver con lo tradicional, con lo que se mantiene dentro de la misma estructura, de una misma forma. Se empezó a reconocer que es una música que se transforma, como nosotros.

–¿Costó mucho esa fusión desde lo musical?
DP: –¡Sí! Como decía Beethoven, 95 de transpiración y 5 de inspiración. Nos llevó mucho trabajo, y fue un trabajo personal porque ir a conocer una comunidad rompe tus propias estructuras y te obliga a desprejuiciarte de un montón de cosas, de aprender, escuchar y de hacer un trabajo profundo de integración. Nuestro desafío era que no suene a un remix de una voz aborigen con un bombo tecno, si no lograr que estos mundos se integren y se genere un sonido nuevo a partir de eso. Tampoco queríamos hacer música de los pueblos originarios como hacen ellos porque ellos son los indicados para hacerlo, lo que buscamos fue integrarlo.

–¿Cómo fue cuando salen de nuevo del país pero ya con este proyecto, con Tonolec?
DP: –Salimos con una identidad diferente, salimos a mostrar lo nuestro y fue muy interesante. Cuando fuimos a Europa conocían al tango y a Mercedes Sosa pero no sabían que las comunidades están vivas y que siguen desarrollando su cultura. En los Estados Unidos también nos pasó algo parecido, conectar con la gente con los latinoamericanos que están ahí y que sienten que se conectan con nosotros. La gente del lugar siempre nos recibió muy bien. Creo que en cada lugar lo que provoca Tonolec es la conexión con las raíces y cada lugar tiene su propia raíz entonces te insta a hacer cosas a pensar qué pasó en tu propio lugar y reconocer que la cultura tiene mucho para enseñarnos.

Mucho más que música

"En los cinco años que nos tomamos para hacer nuestro primer disco, el tejido social se fue transformando y esa transformación implicó una búsqueda de una nueva identidad del argentino y del hombre latinoamericano. Cambiaron los paradigmas y cambiaron las políticas desde los gobiernos provinciales y desde los gobiernos nacionales. En medio de ese contexto, y en el de una profunda desolación social porque venimos siendo una sociedad muy consumista, muy individualista que castiga el alma. En el movimiento consumista las raíces buscan sanarse. En ese contexto, Tonolec estaba buscando por medio propio qué decir y buscando un lenguaje artístico que tuviera una voz autóctona, un sonido litoraleño, montesco y cuando hicimos el primer disco creo que la obra de Tonolec representó lo que pasaba, pero volviendo a las lenguas antiguas, trayendo una filosofía y diciéndote "no hace falta que recurras a las filosofías orientales y a las mitologías griegas" y nosotros te abrimos las puertas a la música detrás de ese contenido. Estuvimos en el lugar y en el espacio y en el tiempo que teníamos que estar, dimos a luz a algo, siendo perceptivos como artistas, de leer lo que estaba pasando. A partir del año 2000 cambiaron las cosas y nosotros lo representamos desde la música", opina Charo Bogarín.

Palabras para celebrar

Celebración es un libro multilinge en castellano, qom y guaüraní, que incluye todas las letras de las canciones creadas, interpretadas, traducidas y recopiladas por el grupo en más de una década de trabajo de investigación y fusión de cantos nativos con música electrónica. Se trata de una edición de lujo, de 128 páginas, con ilustraciones en papel vegetal. Contiene el cifrado de las canciones, más un disco con una selección de los temas más representativos del grupo, y dos canciones inéditas: Taki Ongoy II", interpretada junto a su autor Víctor Heredia y "Adagio en mi paí­­s", del uruguayo Alfredo Zitarrosa.

En el cancionero participaron Teresa Parodi, Ví­­ctor Heredia, Pipo Lernoud, Felipe Pigna y Pablo Wright (antropólogo del Conicet que trabaja con los qom) y fue Declarado de Interés Educativo por el Ministerio de Educación de la Provincia del Chaco.

–¿Por qué un libro de Tonolec?
–En Tonolec hablamos de la música pero tiene dos patas, el sonido y la voz, que lleva el mensaje. Si nosotros en estos diez años logramos en nuestras canciones tener algo para plasmar y dejarlo por escrito, creo que este era el momento. La palabra te lleva el mensaje pero también es la herramienta más poderosa de dominio, viva. Los colonizadores impusieron su lenguaje, su palabra. Para mí la obra de Tonolec tiene un peso, no solamente sonoro sino también en su poesía, en el discurso que es lo que termina potenciada con la música, abriendo un surco. Porque estamos mostrando un universo a través de la herramienta por la cual nos entendemos todos. Lo que tiene esta obra es que hay dos cosas conjugadas y perfectamente ensambladas que somos nosotros dos. El mundo sonoro ya estaba registrado en estos años por eso era importante que sea ahora plasmado en ese libro.