Se volvió a sentir ese olor a Cemento. Por una noche, un Criminal Mambo frenético volvió a sucumbir y rebotar entre las paredes. También de cemento. Pero no de aquel vanguardista Cemento que llenó la noche del rock en los 80 y los 90. Era el cemento de Niceto. En Palermo, en 2016, sonaba la guitarra de Tito Fargo, aquel violero de la prehistoria redonda. De fondo, en los graves, se oía la base de Semilla Bucciarelli en un bajo envolvente. El pulso lo marcaba Walter Sidotti, otra vez. Y los solos aullantes de Sergio Dawi en el saxo. Cuatro Redondos. Cuatro. Otra vez juntos. 
 

Semilla, Dawi y Sidotti
Semilla, Dawi y Sidotti

 
En el medio del show, jóvenes sacaban celulares y mandaban audios de WhatsApp a amigos, amantes, novias, ex novios. Pibes de la nueva generación mezclados con algunos "viejos próceres" entre el público, que ahora tuvieron que convencerse de que al espíritu de Patricio Rey se lo ve por partes. Se lo ve cuando toca el Indio Solari en un predio enorme. Se lo ve a Skay en algún teatro o microestadio. Y se lo vio ayer en su mayoría. Estaba el 70%, numéricamente hablando, de la mítica banda argentina arriba de un escenario. Y a días de haberse cumplido los 15 años del último show de los Redonditos en aquel Chateau que quedó en la historia.
 
El show tuvo una antesala a la fiesta redonda. SemiDawi, el evento artístico que combina el arte plástico de Semilla y los solos de Dawi de fondo; y los Comando Pickless, la banda de Sidotti que luego acompañó a los otros redonditos juntos para completar la banda que hizo el repertorio final de los Redondos. 
 
 
A las 23.15 llegó el momento más esperado. Semen up, el elegido parar abrir el set redondo que sacó alguna que otra lágrima ya desde el inicio. "¿Entendés que estoy escuchando la base de los Redondos? Suena como en el disco, es el saxo de los Redondos. Todo. No se puede creer", cuenta a los gritos un pibe, joven, que no vio nunca a los Redondos en vivo, que se quedó en sus oídos con los discos que habitan en su PC.
 
Dawi ofició como una especie de nexo con el público para los agradecimientos y presentaciones. Y arrancó el rock. Héroe del whisky, Rock para el Negro Atila y Rock para los dientes encendieron la noche y dieron paso a los primeros saltos de una larga noche de saltos entre los presentes que llenaron el lugar. 
 
El momento más emotivo de la noche llegó después de todos los rocks. Ni Dawi ni Semilla ni Sidotti pensaban que el futuro iba a llegar así en medio del éxito Redondo en los 90. Y el futuro llegó. Así. Y se vivió en esta ceremonia chica y emotiva. Todos del mismo palo musical. Todo un palo llegó. Para derramar otra sopa de lágrimas. Con el solo de saxo de Dawi gimiendo entre el riff y los graves de Semilla. Y los saltos del estribillo cuando "Yo voy en trenes, no tengo dónde ir...". Y los corazones latiendo fuerte.
 
Tras un Yo Caníbal potente y un swingeado Perro dinamita se presentó el redondo no anunciado. Tito Fargo. El flaco de pelos canosos largos apareció para arrancar Criminal mambo, el tema que llevó a todos a las viejas cofradías circenses y festivaleras de los viejos Redondos. Trajo muchos recuerdos. Llegó con el tano de Luca Prodan, con Mufercho, con Enrique Symns, con El Doce. Llegaron con este tema los espíritus de aquellos que dieron vida a Patricio Rey. Y la viola inconfundible de Fargo, esa viola que brilló en Gulp!, el primer larga duración de los Redondos, y en Oktubre.
 
Fargo se quedó para una bella versión de Motor psico y se fue al ritmo de la gran Bestia Pop. "Vamos, vamos los Redondos, vamos los Redondos, vamos los redó", se cantó fuerte en la frase que Dawi inmortalizó. 
 
 
La pausa entre tema y tema se llenaba con un "Sólo te pido que se vuelvan a juntar", el grito que se repite show a show en cada recital del Indio, Skay o cuando aparece algún redondito en escena. Es el deseo máximo de hace 15 años de todo el público ricotero. Deseo aún trunco. 
 
Hubo un sólo inédito en toda la noche. Nene Nena. También de las viejas épocas. También de las grabaciones que dan vueltas con un sonido imperfecto pero místico. El show se acababa. Pero los saltos no terminaban. Vamos las bandas fue el amague del final. Pero siempre falta una más. Y no podía ser de otra manera que con JiJiJi. El bajo oscuro de Bucciarelli. Los platos de Sidotti y el bombo marcando el pulso del trip. Y el solo más esperado: como en los últimos shows, de la mano de Dawi el primer solo y la segunda parte a cargo de la guitarra, ahora en manos de Tito Fargo.
 
Se fue una noche redonda. El coro final siguió pidiendo que sólo se vuelvan a juntar.