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Apareció Random, el mejor disco de Charly García en muchos años

El músico volvió al ruedo con una placa de canciones redondas que hacen honor a sus años luminosos. Rock and roll y letras que hablan de su post rehabilitación.

Esperamos largos años el regreso de Charly García a las grandes ligas de los discos de estudio. El artista más ominoso del rock argentino no lanzaba un disco con canciones nuevas desde 2010 y, en rigor, el de aquel año, Kill Gil, había sido grabado casi un lustro antes y suspendido luego de que se filtrara a través de internet.

Random, 17° disco solista del bigote bicolor, es lo que dice el título y mucho más. Es un registro prolijamente desordenado de sus últimos años, estos que llegan hasta hoy y comenzaron en 2009 cuando salió de su tempestuosa internación en una clínica de rehabilitación de drogas. Es también un repaso de sus obsesiones sonoras, de sus tópicos favoritos, de su corpus como músico maldito y artista de trinchera más allá del mainstream del que forma parte.

Todo eso es Random y todo eso es también Charly modelo 2017. Con este García de voz ajada y terminal, con el marco de una salud resquebrajada, el hombre alguna vez rebautizado como Say No More presenta en 10 canciones el mejor disco que editó en los últimos 20 años, justo después de aquel controvertido SNM. Casi podría decirse que El aguante, Influencia, Rock and Roll (Yo) y, sobre todo, Kill Gil fueron ensayos para esta obra superadora.

La placa da comienzo con "La máquina de ser feliz", la canción que se dio a conocer como adelanto del disco, que funciona mejor como intro de lo que viene luego que como corte de difusión. Pero incluso con el detalle kitsch de la referencia al papa Francisco, es una canción amable que funciona. El Charly recuperado del infierno aparece en la placa completa y, sobre todo, en una lírica lúcida y siempre al frente, la del frontman que tiene cosas para decir y patear varios tableros.

En el huracán de sonidos y declaraciones que plantea Charly se destaca en el rockazo "Otro" una frase que describe el eterno imaginario colectivo sobre su persona/personaje: "En la primera hora me dieron el papel. La concha de la lora, ahora lo tiene él. Por eso quiero otro", canta entre guitarras, batería y letra con puntas filosas en las que se permite decir también: "Yo quería ser fascista pero no me fue bien, después psicoanalista, pero ahí me asusté". "Querían a otro en mi lugar", remata.

"Gramática de vegetal" escupe en "Primavera", opus contra los celulares y la tecnología pero a favor del sol y la posibilidad de uniformes delichados. Rodeado de sonidos de mandolina, despliega una lírica en la que se permite mentirnos y decirnos que está "más joven que ayer".

La luz también se hace presente en la sonoridad de "Lluvia" (link melodioso a Cómo conseguir chicas), "Rivalidad" (uno de los mejores temas del disco) o "Spector" (oscuro en tono saynomoresco) En tanto, el rock de tónica stone  "Ella es tan Kubrick" suena como una prima de La sal no sala, casi una secuela con el contraste de la voz de García más gastada que en otros tracks. Allí, en una crónica de droga y rock and roll retrata la relación con, en apariencia, una groupie. "Ella es tan chica, tan drogadicta, ella no sabe mucho más que hacer", dice y completa: "Me sorprendió que me haya reconocido".

Párrafo aparte para el muy brit "Believe", con un pie en Beatles, otro en los Who, una mano en The Zombies y otra en la rocola que el pianista del aerosol alimenta tiene en la cabeza.

Otro de los tópicos de Charly en estos últimos años es el mundo de la televisión y lo que allí sucede. Horas y horas del artista en modo Dorian Grey con el control remoto en la mano y un menú de programas de chimentos, películas y señales de ajuste derivaron en un resumen categórico y fulminante:"Toda esta mierda sucedió el día que Tinelli nació", escupe en "Los amigos de Dios", track dedicado a las iglesias electrónicas de los pastores brasileños que inundan la madrugada de la televisón por cable.

A este Charly lo reconocemos todos, la groupie fan y el periodista receloso de sus volteretas de antaño; el "aliado" enojado con su presente de medicación y el flaco con el brazalete negro, rojo y blanco que esperaba como nadie los sonidos nuevos del gurú.

A este Charly, también, lo celebramos y (con el plus de que es su primera placa sin covers desde 1996) lo volvemos a venerar.  Como siempre debimos hacer.

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