Pasaron 45 años desde que el hoy legendario "Acusticazo" revolucionó los festivales de rock en el país, cuando en aquel entonces el máximo hit de la música joven argentina era "La balsa", aquel hit inoxidable de Litto Nebbia y Los Gatos.

León Gieco junto a Edelmiro Molinari
León Gieco junto a Edelmiro Molinari

El mismo músico que hoy es considerado el padre del rock argentino fue quien abrió la noche en el teatro Gran Rex ante una platea colmada de quienes queríán volver a vivir aquello o bien de quienes (con algunos años menos) deseámabos escuchar una conjunción de músicos de distintas generaciones que a simple vista podía parecer extraña.

Así es que la noche la abrió nada menos que Nebbia, solo con una guitarra y entonando una de sus más bellas canciones: "Canción del horizonte", aquella que, compuesta en su exilio  mexicano, en 1981, dice cosas como "cuántas veces soñamos tener un hijo, sangre compañera..." Luego vinieron gemas como "Sueña y corre" y la que cerró con lustre el set, "Vamos negro", con Lito Vitale como invitado recreando aquella improvisación que décadas atrás plasó Domingo Cura en una performance antológica.

Litto Nebbia - Lito Vitale "Vamos negro"

Lo que pasó luego fue quizá la nota de color de la noche, a cargo de un outsider del rock argentino que llegó para homenajear a la música local con una performance única. Carlos Rodriguez, más conocido como Nekro, irrumpió con caballerzca timidez con una guitarra y un puñado de buenas intenciones convertidas en canciones amables. "¿Qué sería del acusticazo sin la luz?", se preguntó ante las fallas del micrófono y enfiló hacia la escalera para cantar entre el público y dejar una estela de insolencia y alegría pop.  

Entre quienes fueron sin duda las atracciones centrales de la noche, Nebbia y Gieco, tocó también la banda independiente Salta la banca, que rompió el sonido acústico que se preveía iba a sonar durante toda la noche, y apareció con una fila de bronces y electricidad al palo para ofrecer un puñado de canciones con lustrosas, quizá demasiado pulcras y atildadas para el tono ¿retro hippie? de la propuesta. 

León Gieco también se hizo presente solo junto a un par de guitarras y armónicas con las que plantó en la noche las frases de "Hombres de hierro" (su primer himno, calcado de Blowing in the Wind de Dylan), "La colina de la vida" (junto a un afinadísimo Nito Mestre), "La rata Lali” (con Raúl Porchetto, David Lebón y Edelmiro Molinari), "El fantasma de Canterville" (en una interesante versión acelerada) y un final de set a toda orquesta con "Algo de paz", versionada con los mencionados y también Nebbia, que se sumó al piano. 

Gieco y Mestre

Más tarde llegó al escenario Catupecu Machu y lo que hasta el momento eran guitarras y armonía pasó a ser la habitual cabalgata de gritos de Fernando Ruiz Díaz, uno de los frontman más intensos del rock argentino. La banda abrió con una interesante versión de Mañana en el Abasto, de Sumo, para luego tocar algunos hits propios que, nobleza obliga, enfervorizaron a una parte importante de la platea.

El cierre fue, literalmente, a toda orquesta, con la suma de los músicos que habían participado esa noche del fogón en el Gran Rex. A los músicos ya mencionados se sumaron Carlos Daniel, Eugenio Pérez (ambos del Acusticazo original), interpretando una tan sentida como desprolija reversión de La balsa. Y ahí sí, como hace 50 años, cuando el rock argentino nacía sin imaginar el camino transformador que emprendería a lo largo de toda América Latina, la balsa salió a naufragar por los pasillos del Gran Rex y luego la avenida Corrientes en la voz de tres mil privilegiados que asistieron a una noche ecléctica y (casi) desenchufada.

La balsa