Pantalla chica

El Martín Fierro, Polémica en el Bar y el olor a naftalina

Daniel Castelo

Aptra premió al programa conducido por Mariano Iúdica que celebra el machismo, la homofobia y los razonamientos que parecen salidos de la era neandertal.

Es el premio más deseado de la radio y la televisión, el que suele reunir a popes de la industria, estrellas ubicadas en lo más alto del firmamento de la farándula y, siempre, un número importante de impresentables de diversa calaña.

El Martín Fierro es un galardón extraño, votado año tras año por la agrupación Aptra -Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentinas- casi blindada a la incorporación de nuevos integrantes, con una conducción cuestionada en silencio pero que logró manejar las cosas como para asegurarse continuidad. El show y el negocio del espectáculo deben continuar.

Aptra congrega entre sus asociados un menú variopinto, desde históricos periodistas del espectáculo, hasta gacetilleros, eventeros todo terreno y algún personaje infaltable en las entregas de premios y que años atrás fue denunciado por presuntas relaciones con el negocio de la prostitución.

En este universo bizarro y de intereses cruzados y egos en los que las sospechas están a la orden del día, el escenario que cada temporada recibe a los ganadores de la estatuilla suele deparar desde comentarios políticos picantes hasta escándalos, pasando, por supuesto y en gran parte de los casos, por premios inexplicables. O quizá demasiado fáciles de explicar.

El Martín Fierro Aptra se lo otorgó este año a Polémica en el Bar por esa conjunción de testosterona misógina, homofobia, xenofobia y sucesión de comentarios fascistoides que fue su temporada 2017. El programa estaba y continúa estando conducido por Mariano Iúdica, quien más allá de tener todos los tics del conductor machito estancado en los 80s pero con visos de posmodernidad mal aprendida, es además el mejor exponente del canchero que habla sin saber pero fuerte. Un Baby Etchecopar mínimamente más televisivo.

"Las que inventaron que no hay que decir piropos son todas feas", dijo en un castellano discutible Iúdica en 2017 al referirse a uno de los subdebates que atraviesan a la sociedad en medio de la discusión de fondo, que es la del Ni Una Menos y el fin del patriarcado

Y el patriarcado es precisamente lo que rige el análisis de Aptra en sus votos apolillados, de oficina del microcentro con humedad en las paredes. La misma humedad a la que huele el humor de Iúdica, al que apela el resto de los ocupantes de la mesa (entre ellos los periodistas Samuel Gelblung, Mauro Viale y Pablo Duggan) mientras Virginia Gallardo se sienta entre ellos a reirse con más fuerza que ganas de las pavadas que le sugieren los machos del café.

Quizá el propio conductor del ciclo lo haya resumido bien cuando en la noche que los coronó como el Mejor Programa Humorístico de 2017 (en una terna que compartía nada menos que con Peter Capusotto y sus Videos). "A 'Polémica...' le gusta el humor popular argentino, el que no tiene tanto rollo en la cabeza analizando todo entrelineas, porque no hay animosidad. No hay mujeres, son temas muy de mesa de hombres, no sé en qué lugar podrá sentirse ofendida la mujer", dijo Mariano Iúdica, argentino contemporáneo. Pero además redobló la apuesta y le aclaró a las mujeres: "El programa no es para ellas, hay que cambiar el canal. Es un programa de hombres", escupió.

Eso es Polémica en el Bar y eso es lo que premió Aptra con su Martín Fierro. El "humor popular" que entienden los Luisventuras de la prensa, los Cachosrubio que se paran al lado del que va a ganar para salir en la foto.

Aptra premió al programa en el que un Cacho Castaña con problemas para hablar y para pensar le vomitó a las víctimas de violación que se multiplican cada día que se relajaran y gozaran antes de ser abusadas.

Aptra, también, y aunque el hecho haya ocurrido poco antes de la ceremonia, premió al tipo que en otro programa acosó a su compañera en vivo y la trató como ni siquiera un actor de segunda de la revista más clase B de la temporada veraniega trataría a sus partenaires. 

Pero el show debe seguir, dicen, y probablemente continúe más o menos igual, sin deconstrucciones a la vista ni muchísimo menos atisbo alguno de autocrítica.

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