Mercedes Morán es una actriz todo terreno. Con una amplia trayectoria en el medio artístico, se mueve como pez en el agua en cine, teatro y televisión. Ajena a las etiquetas, no tiene problemas en oscilar entre los trabajos “de culto” y los más populares. “Me siento una francotiradora porque no termino de pertenecer absolutamente a ninguno de los dos lugares, pero me hace gracia, me define. E ir de un lado a otro me resulta enriquecedor personalmente y es una manera de derribar prejuicios”, dijo en una entrevista con INFOnews en la que no dejó tema sin tocar.

En el estudio de su marido, el artista plástico Fidel Sclavo, Mercedes se refirió a la despedida de “Buena gente”, la obra de teatro que protagoniza desde mayo en el Teatro Liceo y que se despide este domingo; adelantó qué película que rodará el año que viene; y dio su visión del momento político que atraviesa el país.

INFOnews: Este domingo se termina la primera temporada de “Buena gente”. ¿Cómo te encuentra esa despedida?

Mercedes Morán: Las despedidas tienen lo suyo, a pesar de que yo en general me despido alegremente de las cosas. Pero también es importante saber que volvemos, que es un receso, que son unas vacaciones. A partir del 15 de enero hacemos el último mes y medio y nos despedimos definitivamente.

IN: Tu personaje, Margarita, es una mujer muy intensa, a la que le pasan muchas cosas en escena.

MM: Tiene dos cosas que hace que sea muy placentero hacer de Margarita: primero que es muy relajada, de carácter relajado, y después que tiene una tendencia a salirse de la zona de tristeza, a distraerse, a no regodearse en el sufrimiento y la pálida. Ella siente que ayudó mucho a Juan (Gustavo Garzín) cuando era joven. Y creo que espera algo a cambio: laburo, reconocimiento, amistad. Y cuando empieza a percibir que él se avergüenza de ella o significa un peligro para su vida establecida de ese modo, hay una herida que no termina de resolver. Pero no creo que vaya con malas intenciones; ha quedado esperando una devolución por ese favorcito que le hizo hace tiempo.

IN: ¿Qué es lo que te parece más interesante de la obra?

MM: Es un texto que muestra que todos son gobernados por los miedos y la felicidad es una mezcla de cosas. No está a la vuelta de un éxito económico o un escalamiento social. La vida es más compleja de eso. Se emplean un montón de frases hechas que están muy en la boca de todos y se muestra que todo es más complejo que eso. Un espectador la definió con mucha precisión cuando me dijo: “¡Qué triste que es, pero cómo me reí!”. Es durísima, pero el humor que tiene ayuda.

IN: Luego de que termine la segunda temporada de “Buena gente”, ¿vas a hacer cine?

MM: Sí, voy a estar en la adaptación de “Betibú” (la novela de Claudia Piñeiro). Me parece que es interesante porque cuando Claudia escribió la novela e investigó sobre universos que son conocidos para ella difícilmente se haya propuesto que esto sería una película. Vos leés el guión y es una película de género total: es un Genaro hitchockiano por excelencia. Capaz que el gordo la hubiera querido filmar porque es suspenso, es intriga, es policial, tiene misterio, amor, un marco cultural y sociopolítico… Además, Betibu es una protagonista de 50 años, lo cual es para celebrar que a alguien se le ocurra escribir historias sobre gente de esa edad (risas).

IN: Por fuera del plano artístico, este año fuiste distinguida como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña. ¿Cómo viviste el reconocimiento?

MM: Fue muy emocionante, muy afectivo. Me encantó recibir eso porque debe ser el único premio que recibí en el sentido de que excede el trabajo y tenía que ver con mi conducta social, que nunca me había parecido que podía ser destacada por algo. Fue una manera de mirar atrás y cuando escuchaba los motivos era extraño, era halagador y reconfortante.

IN: Recuerdo que en el discurso evocaste las lecciones que te dio tu padre.

MM: Este año se murió mi viejo y es un año especial. Estoy empezando a tener una comunicación con él desde otro lugar y hay muchas cosas que me remiten a él. Él, como era una persona de campo, pensaba en términos de sembrar y de cosechar, y en las épocas, y en dar y no esperar. Era un tipo con una moral y una ética muy altas; siempre supe que era bueno tener un padre así pero con el tiempo lo valoro más.

IN: Por último, quiero preguntarte cómo ves la situación política del país. Argentina es un país muy cambiante, en el que todos los días se producen más y más novedades.

MM: No quiero ceder al temor folclórico que tenemos los argentinos por lo que hemos vivido en los finales de año, porque me parece que se está operando con el miedo. Sinceramente, me corro de ese lugar porque creo que las cosas están bien. Yo sigo apoyando a este proyecto porque me sigue pareciendo el más equitativo y solidario y tiene una sensibilidad social con la que yo me siento muy identificada. Siempre digo que me gusta mantener una distancia porque es mi naturaleza, por lo mismo que hablábamos antes de la relación entre teatro independiente-teatro comercial; cine de arte-cine comercial. Pero me parece que es lo mejor que puedo hacer por mí también.

IN: ¿Y cómo ves a la oposición?

MM: Cualquier gobierno que tenga una buena oposición crece. Yo lamento que acá tengamos una oposición tan impresentable porque hay un montón de cosas para mejorar, cambiar, discutir que nos dejarían mejor a todos. Pero es lamentable tener una oposición con tan poco argumento, tan pavota. Vivimos en una democracia muy joven y definitivamente hay que dejar de lado cualquier idea de la época de las cavernas, porque estamos intentando ser contemporáneos de una movida fantástica. Y si bien hay un montón de cosas para mejorar, las expresiones golpistas que andan dando vuelta a veces me dan miedo pero cuando me corro me dan pena. Atrasan el reloj.