Por: Susana Parejas - Fotos: Gustavo Pascaner

Miguel Ángel Solá entra en el juego. De una. Sin pensarlo. Se tira en el piso para una foto, propone otra. Frunce el ceño, como un chico, si no le gusta algo de lo que se le pide, toca canciones en el piano del lobby del hotel porteño donde está viviendo por estos días. Abre sus ojos grandes cuando quiere que se le entienda algo, y siempre, pero siempre mantiene ese tono de voz susurrado, un sello en él. Se lo nota bien. Está bien. Luego de pasar por varios años de debacle. La mala racha le duró siete años. El número bíblico que marcó una etapa donde todo parecía empeorar cada vez más. Y más.

Primero un accidente grave en el mar que lo dejó tetrapléjico; luego un síncope que lo hizo caer sobre un vidrio provocándole una gran herida en la cara, cuya reconstrucción tiene más de cien puntos, pero que hoy no dejó secuela; una dolencia en un hombro completó el cuadro que no sólo lo tuvo a mal traer anímicamente, sino que le impidió trabajar por un buen tiempo. A esto sumó su separación de Blanca Oteyza.

Pero ese período de mala racha terminó. Y empezaron a venir cartas buenas. Miguel Ángel hoy puede decir que es feliz. “Yo creo que los siete años de vacas flacas ya los pasé, a ver si tengo la suerte de entrar aunque sea una ovejita más rellenita”, avizora esperanzado. Nueva pareja y nuevo hijo por nacer, en la vida personal, una obra de teatro y dos proyectos televisivos en lo laboral son parte de este cambio de mano.

A los 46 tuvo a su primera hija María Luz, a los 50 la segunda, Cayetana, las dos con Oteyza, la actriz española de quien se separó el año pasado, y ahora a los 62 tendrá su tercer hijo, con su pareja desde hace seis meses, Paula Cancio, también actriz española. “Me hice nietas las primeras y ahora una biznieta”, bromea por su paternidad tardía.

-¿Se te ve cómo un tipo casero, cómo es vivir en un hotel tantos meses?

-Es muy cómodo porque no tengo que hacer ningunas de las tareas que tengo que hacer en mi casa. Pensá que yo me separé hace muy poco, me quedé sin un centavo, sin nada, tuve que rehacer mi vida en un departamento alquilado que lo fui decorando con los dibujos y pinturas de mis hijas, tengo toda la casa llena de sus dibujos, tengo otros seiscientos más para enmarcar. Y fui haciéndola así de a poco, fui armando todos los muebles, armando todo el lugar, pintando, haciendo de todo, limpiando, lavando, todo, todo.

-Un amo de casa total…

-Sí, total, absoluto. Y sin trabajo o sea viviendo de prestado. Ahora en febrero, del 1 al 5, voy a cobrar mi primer sueldo en un año y medio. Yo soy un tipo casero es verdad, pero ya no tenía familia. Mis hijas pueden verme seis días de treinta, nos llevamos genial los tres y la pasamos bien cuando estamos juntos, con discusiones, con cosas, porque tengo una adolescente que es hermosa, es inteligente pero tiene un carácter de la puta madre. Es la argentina, y ella sueña con venir, porque recuerda su casa, su cuarto, tenía dos años y medio cuando se fue.

-¿Vos también sentís nostalgia de otras épocas?

-No es que sea nostalgia, es memoria de momentos gratos, difíciles, no tengo ganas de volver a pasar todo eso, sí las cosas muy lindas u otras cosas que eran preciosas y no las pude vivir bien, por el tiempo, por enfermedades mías o de la familia. Pero ya está, ya pasó, como mi matrimonio ya pasó. Ahora estoy otra vez en pareja, pero no podemos vivir juntos por un problema económico fundamentalmente, que ahora ya se va a resolver.

-¿Estás enamorado?

-Estoy enamorado, la estoy pasando muy bien.

-¿Te sorprendió el amor?

-Me sorprendió, estuve un año sin siquiera hablar con una mujer, bueno sí, decirle: “buenos días”, “hola”, pero hablar de sentarme a charlar, no. Es que no tenía ganas, además seguía prendido de esa sensación de estar sin rumbo. Y apareció Paula y fue instantáneo, fue mirarla y volver a mirar a una mujer como mujer, no sólo como persona sino mujer.

-¿Fue amor a primera vista?

-No sé si es a primera vista, porque entra por los ojos, pero se comprometen todos los sentidos.

-¿Y a ella le pasó lo mismo?

-Yo ya le caía bien, pero es algo insólito que una persona de 28 años se fije en una de 62, además es guapísima, inteligente, con títulos…

-¿Por qué decís insólito?

-Porque a los 28 años, supongo que lo normal es estar con alguien de 30, 35, 40 como mucho. No sé, a mi me da esa sensación, yo no me veo ningún atractivo, pero ella me ve atractivo. Así que bueno, que me mire con sus ojos, listo. Yo siempre detesté a los vejetes que andaban con chicas jóvenes, siempre. Mirá ahora lo que tengo que pasar, convencerme a mí mismo. Y quedó embarazada, qué bárbaro. Ya está de cuatro meses.

-¿Ya saben el sexo del bebé?

-Hay un 60% de posibilidades de que sea mujer, por una teoría del médico y un 40% por cierto que sea varón.

-¿Te gustaría que sea varón?

-Viene de ella. Me gusta lo que venga con ella.

-¿Ahora estás en un momento pleno?

-Estoy mejor, pero hay que pensar que yo tengo que empezar desde cero, con cargas que no son cero. Estoy alquilando un departamento en Madrid, tengo que vivir en España por mis dos hijas, la de 16 puede trasladarse todo el tiempo, pero la de 12 es muy chiquitita. Ahora no las voy a ver por cuatro meses y pienso y digo: ¡ah!, porque las extraño, las adoro.

-Pero podés usar el Skype, para charlar con ellas.

-No me gusta (hace un gesto como de asco). Detesto los teléfonos, no tengo teléfono, los relojes. La computadora me gusta para escribir nada más.

-¿No chateas, no tenés Facebook?

-No, no. Un amigo me abrió una página pero yo nunca la usé. Tengo seis mil y pico de pedidos de amistad. No sé lo que me provoca, es como estar expuesto, igual que la camarita de la computadora, el agujerito para mirar lo tengo tapado con una Curita. Porque además me da cosa que un tipo de repente entre y me esté mirando por la cámara a mí. No me da la gana, que se vaya con sus abuelos a espiar a otro.

-¿Sentís este tiempo como una transición en tu vida?

-No, lo siento como una bendición. Los últimos siete años yo pensé que Dios o el universo me decía: “Sos una cucaracha, tenés que morirte”. Primero te tira una ola te deja tetrapléjico, después te rompo con un síncope toda la cara, después te hago trabajar con un hombro hecho mierda, y después te lo opero y te destruyo el hombro, perdés doce kilos primero y luego crías panza, ves ya no te queremos aquí y de repente aparece esta criatura y aparecen dos amigos míos que además me obligaron a escribir un espectáculo que lo trajimos el año pasado aquí.

-¿Crees que la vida da revancha?

-La vida es eso una continuidad de cosas, no es problema de revancha o no. La vida es así, a veces te viene complicada.

El trabajo volvió. En marzo en Canal 7 se estrenará la serie “Germán, últimas viñetas”, donde encarna a Héctor Germán Oesterheld, el creador de “El Eternauta”, en sus últimos años de vida. En Telefé protagonizará tres capítulos de “Historias del corazón”. Eso en tele. De martes a domingos a las 20.30 el escenario del Maipo lo tiene sobre él. “El veneno del teatro”, la obra de Rodolfo Sierra con dirección de Mario Gras, es uno de los motivos por el cual Solá volvió al país. Es un thriller teatral que protagoniza junto con Daniel Freire, donde la ficción se mezcla con la realidad, en una historia que mantiene en tensión al espectador.

Pero no es la primera vez que le toca en juego un personaje intenso y oscuro. “Equus, el hombre elefante”, “Camino Negro” y hasta “Bruno Sierra, el rostro de la ley”, la serie que protagonizaba y que se dio por Canal 7, pusieron en juego su vocación de actor, macerada a lo largo de nueve generaciones, marcadas por los nombres de su mamá Paquita Vehil y su tía Lucía Vehil. Siempre con personajes comprometidos y difíciles. “Eso es por lo que me ofrecen, por lo que ven en mí. Los personajes que me gustan hacer a mí, me los hago yo, me hipoteco yo, como “El diario de Adán y Eva”, lo hice durante diez años, hice 2.700 funciones con un millón y medio de espectadores, o “Por el placer de volver a verla”, tuvimos el teatro lleno durante dos años. Esos son los gustos que me doy después de ganar dinero en otras cosas que yo no me elijo, me eligen. Tengo que vivir. Los jefes de prensa de las películas y todo eso no supieron catapultarme o yo no me sé vender y hablo de cosas que quizás le molesta a mucha gente. No soy un tipo popular, esa es la verdad.

-¿Cómo vivís esa “no popularidad”?

-Lo único que me preguntan desde que llegué es por el conflicto Darín con Cristina y cómo veo yo el país, ¡joder!, si hace más de trece años que estoy afuera. Y, además de eso, me preguntan por los accidentes que tuve. Nadie me pregunta por lo que hice, por lo que actúe, o por qué me dieron el mejor premio al actor en Nueva York entre mil quinientas series. Nadie me pregunta esas cosas, a nadie le interesa nada de lo que hecho, entonces me agarra una cosa y me digo, “qué cortita mi vida”. Lo que observo es que hay una enorme falta de interés por lo que hago.

-¿Y cómo te manejás con la política?

-Yo soy la cosa más apolítica que existe. Perdón, no apolítico, yo soy un ciudadano con derechos y obligaciones y me tomo eso en serio, entonces al que es ladrón, asesino, al que es genocida, al que es estafador lo señalo con el dedo como persona. Ese es un ladrón, ese es un asesino, ese un torturador… Lo hago desde hace mucho tiempo, y en eso sí creo que me involucro, me inmiscuyo en la política pero no tengo nada ver, no rezo, no busco votos, no soy partidario de nadie, no pertenezco a ningún tipo de movimiento, soy yo con mi cuerpo.

-La obra que estás haciendo trata el tema de la muerte. ¿Pensás mucho en ella?

-Supongo que como cualquier ser humano normal, cuando te entretenés en las cosas, cuando prestás atención a la cosas de la vida no pensás en la muerte, cuando las cosas de la vida no las podés satisfacer empezás a pensar en la muerte. Yo no tengo ganas de morirme, quiero seguir viviendo, quiero aprovechar toda mi vida para conocer a mis hijas y para que ellas me conozcan también, porque no han visto casi nada mío, me han visto en “El diario de Adán y Eva” y ninguna película. Ahora quería juntarlas para ver “Casa de fuego”. Porque quizás yo más adelante no esté, por lógica de la vida. Espero que la vida sea coherente y me lleve a mí siempre antes.

-Tal vez vivas unos cien años…

-No, porque no me gusta la decrepitud, no me gusta estar dependiendo de los demás, yo siempre fui cabeza de familia. Aunque no llevara los pantalones, porque no sé ni mandar ni obedecer, entonces soy un tipo raro en ese sentido. Soy un tipo de compartir todo el tiempo, de hacerme cargo del trabajo que se supone que el hombre moderno hace. Pero yo no soy moderno soy anacrónico, yo soy ya pasadito, pero soy un tipo de compartir todo. Mi pasado con Blanca fue un pasado de vida, de escenario, de radio, de cine y de televisión, siempre estaba pensando cómo hacer y cómo crear cosas para trabajar con ella. Ahora, me toca, y ojalá suceda porque le tengo mucha fe, cosas para trabajar con Paula, tengo ganas.

-¿Qué sentís que te queda por hacer sobre el escenario?

-Me queda todo por hacer.

Nota de 7 Días