Por Víctor Heredia

Con María Elena nos cruzamos en innumerables conciertos, sobre todo en la época de los café concerts, donde ambos trabajábamos en los incios de nuestras carreras. Alguna vez nos propusimos componer juntos pero el destino hizo que nuestros tiempos no coincidieran y me perdí esa increíble posibilidad. Hubiera sido un honor enorme tener alguna canción junto a la gran autora. Fui suplente de María Elena durante algunos años en su gestión en SADAIC y nuestra relación se amparó en la mutua admiración y el respeto.

Ella disponía de un maravilloso humor que condimentaba con inteligentes críticas y una finísima ironía que muchas veces me sacó inevitables carcajadas en situaciones donde la formalidad hubiera sido preferible. Una vez me dijo en referencia a las ironías de Don Atahualpa Yupanqui que le parecían benévolas, tomando en cuenta a algunos de los personajes a quienes iban dirigidas. La conocemos por su obra para niños y así me parece que debemos recordarla y agradecer su original y bello legado. Pero hay una parte de su obra en la que nos menciona dramáticamente cuando señala desde "Canción de cuna para un gobernante" o "Como la cigarra", momentos sustanciales de nuestra vida como ciudadanos, que yo pongo siempre como ejemplo de valentía y verdadera militancia, porque une la ética social con una estética literaria de altísimo vuelo.

Escribir panfletos en lugar de canciones es fácil, pero inscribe la supuesta queja en la demagogia barata de quienes buscan sólo el beneficio personal como resultado, María Elena, por el contrario, da claro ejemplo de honradez en toda su maravillosa trayectoria.