INFOnews: Se cumple un año de la partida de María Elena y vos tuviste una relación estrecha con ella. ¿Cómo la definirías?

Leopoldo Brizuela: De muy chico me regalaron un disco recién publicado, El País del Nomeacuerdo, que es una obra maestra desde todo punto de vista -incluso de los arreglos del Gran Cardozo Ocampo. Pero sólo se me ocurrió acercarme a ella un día que vi, en la televisión, en un programa que conducía Blackie, que había escrito también desde muy chica. Me dije que si le enviaba algo no le parecería mal que quisiera ser escritor a los catorce años. Bueno, le mandé unos cuentos y me mandó llamar por carta -no tenía teléfono- y así fui aficionándome a visitarla, dos veces por mes, digamos. Esas visitas fueron una especie de universidad -yo aprendía de todo lo que ella hacía y hablaba, pero también de todo lo que ella leía o escuchaba de música, o yendo a los lugares en que había estado. Quiero decir que era una mujer de una experiencia vastísima, muy inusual en un escritor. No era hosca en ningún momento. Era de una ternura permanente, y parca; y era, por sobre todo, de una infinita generosidad.

IN: “Lo didáctico, aun cuando aparece, no es nunca elemento central: lo central es el vértigo de los primeros descubrimientos”, dijiste en una semblanza que escribiste sobre ella en 2008. ¿Creés que ahí radica la potencia de su palabra, la fuerza que hace que permanezca vigente en miles y miles de niños a través de los años?

LB: Exactamente, y la capacidad de juego verbal, que ejercía todo el tiempo, además. El chico descubre fascinado la "masa sonora" del poesía y se pone a jugar con ella, y mientras juegan, aprende que es posible reconstruir libre y alegremente el mundo.

IN: Sos un gran conocedor de sus trabajos. ¿Cuál es el que más te gusta y por qué, si es que podés elegir alguno?

LB: Por supuesto, las canciones infantiles, que son una de las obras cumbres del género en todas las lenguas -junto a Alice in wonderland y a muy pocos más. La manera natural que cinco generaciones o más han ido acudiendo a ella, me libra de mayor explicación. Pero yo quisiera destacar un libro que pasó bastante desapercibido, y es Novios de Antaño, unas memorias de infancia que brillan por la ferocidad y el tratamiento del lenguaje. Son uno de los libros de memorias más importantes de nuestro país.