Después del papelón que protagonizó en el Congreso al arrojarse sobre la granada que le explota a Manuel Adorni, el presidente Javier Milei viajó este jueves al portaaviones nuclear USS Nimitz. La actividad, enmarcada en los ejercicios navales Passex 2026, representa un nuevo episodio en la estrategia de la Casa Rosada de consolidar un alineamiento irrestricto con los Estados Unidos.
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El mandatario partió a las 10 de la mañana desde Aeroparque y, tras un vuelo de una hora y media, aterrizó en la cubierta del buque a bordo de un Grumman C-2 Greyhound, la aeronave de transporte específica para operaciones en portaaviones. Es la primera vez que el líder libertario pisa una nave de estas dimensiones y capacidades nucleares.
Milei no estuvo solo en lo que en los pasillos de la política ya se comenta como una nueva "puesta en escena" de su perfil como aliado estratégico de la potencia del norte. Lo acompañaron la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. Al aterrizar, la delegación posó para las cámaras junto al embajador estadounidense, Peter Lamelas.
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También formaron parte de la visita el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; (de quien nadie se encargó de justificar en términos de qué viajó); el ministro de Defensa, Carlos Presti; el jefe del Estado Mayor Conjunto, Marcelo Dalle Nogare, y el jefe de la Armada, Juan Carlos Romay.
La visita presidencial coincidió con el último día de las maniobras, que incluyeron demostraciones aéreas de aviones F-18 y helicópteros MH-60 Seahawk. Los ejercicios, denominados técnicamente Passing Exercise (Passex), se activaron mientras el USS Nimitz cruzaba el Mar Argentino tras atravesar el Estrecho de Magallanes.
Sin embargo, el despliegue no estuvo exento de polémica. El Passex 2026 fue habilitado por el Ejecutivo mediante el Decreto 264/2026, evitando el paso por el Congreso de la Nación, vía que habitualmente se utiliza para autorizar el ingreso de tropas extranjeras al territorio nacional.
Esta actividad se suma a otros gestos de la administración Milei hacia el Comando Sur (SOUTHCOM). El antecedente más directo fue el viaje del Presidente a Ushuaia para encontrarse con la generala Laura Richardson, donde se anunció la intención de construir una Base Naval Integrada con financiamiento estadounidense, un proyecto que demandaría entre 400 y 500 millones de dólares.
Desde la Armada Argentina destacaron que estas maniobras —históricamente conocidas como “Gringo-Gaucho”— permiten a las fuerzas locales intercambiar doctrinas con una de las flotas más avanzadas del mundo. El contraalmirante Pablo Germán Basso subrayó la importancia de realizar ejercicios de defensa antiaérea y elevar los estándares profesionales de la Flota de Mar.
A bordo del Nimitz también se encuentran integrados tres oficiales argentinos (los capitanes de corbeta Julio Escudero y Romina Banegas, y el suboficial primero Jorge Ortiz), quienes participan activamente en la planificación de las tácticas combinadas.