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Megadeth: megafuerte, megabanda, megametal

Como parte de su "Crush the World Tour", el grupo californiano agendó tres recitales en el Movistar Arena. Infonews dijo presente en el primero para contar cómo está una de las bandas más importantes de todos los tiempos. Los próximos recitales son hoy domingo y el martes 16 de abril.

Hacia el final del show, Mustaine vociferaba con una voz intacta, tantísimos años después, tantísimos excesos después “Can you put a price on peace? / Peace / Peace  sells / Peace / Peace sells / Peace sells, but who's buying?” (“Podés ponerle un precio a la paz / Paz / La paz vende / La paz vende, pero ¿quién compra?”). Una canción que fue escrita en 1986 publicada en su álbum homónimo y pensamos en los conflictos de la época: Guatemala, El Salvador, Irán, Irak, Líbano, Uganda y tantos más se ajustarían a las problemáticas mundiales que inundaban la cabeza de Dave Mustaine.

Y hoy, Y HOY, como si no hubiera pasado el tiempo, tenemos una respuesta a la retórica: nadie compra paz.

Pero repasemos la crónica de una noche donde la música en vivo puede resultar un espacio de resistencia, de rodearse de pares, de goce y de evasión de la realidad, cómo no. Y qué lealtad la del metalero argentino: siempre presente, siempre eufórico celebrando desde el primer “¡Buenos Aires!” del cantante cuando subió al escenario hasta la última guitarra -su encomiable Flying V- con la bandera argentina. Nos quiere, cómo no nos a querer, quién le canta desde hace más de treinta años “Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth”. Nadie.

“Saluden, los están viendo en todo el mundo”, dijo en un momento y la respuesta fue inmediata: “¡Argentina! ¡Argentina! ¡Argentina!”. Argentina y su pasión for export. Esto somos.

En un escenario limpio, minimalista, apenas una imagen de “The Sick, the Dying... and the Dead!”, su última placa que ya tiene dos años, la banda se mostró bajo un cronometrado juego de luces con una ferocidad única. La cara de la mascota de Megadeth, Vic Rattlehead, esa marca registrada, inamovible, observaba desde arriba cómo el cuarteto thrashero dejaba el alma. (Vic aparecerá “en persona” en un momento del concierto, como siempre. Es como buscar a Hitchcock en sus películas: hay que estar atentos).

Salieron con el tema que da nombre a este disco y la locura se desató. Qué precisión, cuán ajustado todo, qué cadencia rítmica. Son muchos años de carrera aunque esto no sea garantía de profesionalismo y sin embargo Megadeth es la mejor banda que puede ser. Y es enorme.

Esta formación, diré, nueva, para quienes hemos visto a Ellefson, a Friedman, a Menza y más, junto al colorado más famoso del metal, resulta aplanadora. Teemu Mäntysaari en limpísima y aguerrida guitarra, James LoMenzo en bajo (¡cuánta pasión!) y Dirk Verbeuren en batería (debe haber adelgazados tres kilos tras tanto golpe de palillos) son quienes se formaron en la escuela de Megadeth, sin dudas.

Sin prácticamente mediar palabra los temas, ya todos clásicos, por supuesto, se sucedían sin respiro y a fuerza de mosh entre la audiencia: “Hangar 18”, “Sweating Bullets”, “Trust”, “Symphony of Destruction” y -permítaseme la digresión- “A Tout Le Monde” y “Skin O’My Teeth” que grité enteras como si tuviera los veinticuatro, veinticinco años que tenía cuando los veía en Obras. Parafrasea a Nietzsche en “Skin…”: “That, that doesn't kill me / Only makes me stronger” (“Eso, eso que no me mata / Sólo me fortalece”); el alemán escribió: “Lo que no te mata, te hiere de gravedad y te deja tan golpeado que aceptás cualquier tipo de maltrato y te convencés que eso te fortalece”. “Mustaine, pensador contemporáneo”, lo presentó una amiga en su facultad.

Otro tema: la melena de Mustaine. Melenaza, esos rulos naranjas, larguísimos, con la nuca agachada mirando la guitarra o el suelo y sacudiendo a ritmo acompañando las canciones como parte integradora de un show donde la banda, los temas, las luces y esa cabellera son por igual protagonistas. Que el tiempo te la preserve, Dave.

“Dread and the Fugitive Mind”, “Wake Up Dead”, “Devil’s Island”, no importa qué tema toquen, la alegría es argentina esta noche de lluvia en Buenos Aires.

Llegará el final con “Holy Wars”.  "Holy Wars... The Punishment Due", su título completo, es el track de abre ese discazo del thrash metal como es “Rust in Peace” y data de 1990. Esta canción -“Guerras Santas… El castigo merecido” en castellano- de un álbum donde Mustaine hace ese juego de palabras que tanto le gusta siempre: Rest in peace (que descanse en paz) se transforma en Rust in peace (que se oxide en paz), dice: “Hermano matará a hermano derramando sangre por toda la tierra (...) El final está cerca, está muy claro, es parte del plan maestro (...) Librar la guerra al crimen organizado”.

Y hoy, Y HOY, como si no hubiera pasado el tiempo, todo sigue igual. Qué bien ha madurado Megadeth. Esa joven que los veía en Obras ha doblado su edad y la misma alegría sacudía su cuerpo. ¡Qué bien ha madurado la música!

 



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