No puedo tener sexo: video selfie, dildo y mamá cosplayer
La actriz Bel Gatti registró un documento sobre la imposibilidad que la acompaña hace cuatro años. Confesión, grito de (auto)ayuda y feroz retrato de familia.
El largometraje debut de la actriz, performer y realizadora Bel Gatti dearrolla el soporte narrativo de la autoficción para pasar a constituirse como una selfie movie descarada en sus planteos pero sobre todo irreverente en sus elecciones. La directora de cortos que dice sentirse, ahora sí, “cineasta” por encarar un largo, plantea de forma abierta, desde sus primeras líneas de texto, que hace cuatro años que no tiene sexo, que no puede. Y que, al fin de cuentas, puso en marcha este film para, de una vez por todas, dicho en castellano argentino, coger.
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La manera en la que la artista revolea dildos y se refiere a su sexualidad a cielo abierto es lo que inquieta e interpela de su película, que apoya su edición en recursos visuales como los que nos cruzamos en redes, en videos cortos, en posteos efímeros, que se desvanecen con un scroll. Este cine, en cambio, queda y puede que resista el tiempo porque tiene la densidad de la confesión dicha de paso pero con la contundencia que portan los dolores del cuerpo y las tribulaciones de la mente. Como cuando Bel Gatti interpela, celular en mano, a su madre (cosplayer y en la escena en cuestión vestida como Wonder Woman) que de chica le daba "picos" en la boca mientras limpiaba la casa.
—Serías bebé, te lo habré contado—, se ataja mamá enfundada en su traje de baño rojo/azul y vincha dorada.
—No, era más grande—, retruca y pone el punto la hija/directora.
Bel se interroga sobre su cuerpo, sobre el deseo, sobre la imposibilidad de sentir por afuera de la representación. Ella asegura que solo podrá tener sexo en el marco de una película, de un documental que, en manos del plano como soporte, le sirva para besarse, para tocar y ser tocada.
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Mandatos, realización personal, frustraciones y cuentas a saldar son las claves de un film que recorrió festivales y se le anima a la exhibición comercial en medio de la era más reaccionaria que haya vivido la Argentina desde la última dictadura. Ahí hay otro punto que tiene Gatti: el de la rebeldía. Hablemos de sexo, de coger, de dildos, de penetración, mostremos lenguas chocáncose, rouge corrido, fealdad, olores. Y con un teléfono como herramienta, como caja negra de la intimidad a la vez que disco rígido del arte del autorretrato.
El modo selfie que elige Bel Gatti conecta con la captura de lo ordinario y a su vez como decodificación de las otredades que la rodean, de la propia, de la tradición familiar de la decadencia. Hay conexión clara entre Gatti y Jorge Polaco, entre su mamá/Mujer Maravilla y los personajes de John Waters, sobre todo en la escala Pink Flamingos de lo bizarro y lo corrido de eje.
La estética de lo precario, de lo podrido como norma cotidiana, se traslada también a los ámbitos que habita la directora, con enclave en un departamento ubicado en un vértice del mal representado por una autopista, una vía de tren activa y una canchita de fútbol. Realismo sucio de una marginalidad geográfica que sirve como espejo de la marginalidad sexual y social en la que anida la autora.
"Hace tiempo descubrí que podía hacer en la ficción las cosas que en la vida real no", declara Gatti sobre su película. El cine como terapia y territorio de reparación. Cine experimental y feminismo punk. No hay lugar para el “me gusta ser mujer” que quizá haya militado su madre hace 30 años.
Dildo de mamá en mano (Bel debe decidir si acepta el descarte de su progenitora, incluso sabiendo que, como ella le dijo, “está muy usado”), la directora trasciende la simplicidad del título para ir más allá, para caminar el universo psicoanalítico desde adentro, poniendo en la vereda su sesión de terapia y abriendo el pecho en un diván digital, en HD.
¿Gesto involuntario? Garri quizá no quiera coger, quizá el asco que le provoca, tal como le de dice su psicóloga, derive de que un rechazo al amor, o a la idea de enamorarse, tal vez. Y quizá tenga razón.
No puedo tener sexo. Argentina, 2025. 83´. Dirección y guion: Bel Gatti. Montaje: Sole Venier y Matías Ferrero. Música: Matías Ferrero, Luisa y Balboa.
